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domingo, mayo 13, 2007

La derecha, el sindicalismo y el 1º de mayo

Recién acaba de pasar la celebración del día de los trabajadores; por tanto, es un buen momento para revisar sobre como ve ese momento la derecha actual en el gobierno. Sabemos, desde luego, que es contraria al sindicalismo, pero es importante entender cómo ocultan o disfrazan esa posición y como se desarrolla su discurso para hacer valer sus posiciones.

El gobierno actual dispuso retirarse de las conmemoraciones del 1º de mayo. El presidente del empleo decidió no celebrar con los trabajadores sus logros en la creación de empleos. Si, en cambio, envolvió la medida en una idea democrática que ubica a los trabajadores y no al gobierno como el personaje central de la celebración.

Sería bueno pensar que la decisión se tomó porque no tenía nada que decir y ofrecer y, sí en cambio, altas posibilidades de recibir muchos reclamos. No arriesgar su imagen. Se ha visto y oído —por cierto hasta el cansancio— al responsable del gobierno en todos los foros a los cuáles es invitado, pero opta por no ir con los trabajadores y mandar un mensaje video grabado. ¿podría hacer lo mismo con el Consejo Coordinador Empresarial? ¿cómo se dará ahora la interlocución del gobierno con los trabajadores?

Sería bueno decir que quiere separarse del corporativismo priísta tan socorrido ese día, alejarse de la vieja alianza “histórica” gobierno-trabajadores. Empero, no es así de simple porque el panismo no han querido ni han podido desprenderse de él. Como se ha visto en varios aspectos y ahora más claro en la nueva Ley del ISSSTE, les resulta útil y lo están usando a su favor y no de ahora, basta revisar la política laboral de varios gobernadores panistas que gobernaron antes de la era Fox.

Los analistas políticos y económicos que trataron el tema se dedicaron a acumular una serie de juicios contrarios al sindicalismo y laudatorios al gobierno. La decisión, nos dicen, de que el gobierno no asistiera a celebrar el 1º de mayo con los trabajadores, fue una medida de fondo y de forma, porque exhibió a un sindicalismo dividido en varias corrientes, todas ellas encerradas en el corporativismo, la corrupción y la lucha por mantener privilegios. Un sindicalismo sin discurso, sin propuesta y que cada día representa a menos a los trabajadores.

Desde el sector económico se habla de que no hay mucho que celebrar y sí mucho de qué estar preocupados. El sindicalismo es causante de la obsolescencia del modelo económico. Las condiciones laborales actuales son el principal obstáculo para el crecimiento. El sindicalismo, se afirma, forma parte de nuestra historia en el renglón de los monopolios y, con ello, se ha convertido en una seria restricción a la modernización y la promoción del crecimiento.

En sentido contrario a su función real, aseguran, que poco ha logrado para mejorar las condiciones laborales y sociales de sus agremiados. El sindicalismo es culpable de desigualdades como las que se manifiestan en la seguridad social (informalidad y pensiones) y de que nuestro país no cuente con una amplia y profunda red de protección social para la clase trabajadora y sus familias.

También se afirma que por el raquítico comportamiento de la productividad laboral, el salario, si bien ha crecido en los últimos años, al compararlo con periodos más largos es decepcionante lo que se ha logrado al respecto. Por lo que no es extraño que se pierda en competitividad.

Finalmente, para que no quede duda, lo cual es el colmo, el sindicalismo es causante del poco crecimiento del empleo, pues encarece el despido y muchas empresas prefieren no contratar. En síntesis, para todos ellos, para contribuir al crecimiento y mejorar las condiciones de los trabajadores, se requieren cambios profundos y urgentes porque la falta de flexibilidad en el mercado laboral ha atrofiado la productividad y con ello la capacidad de la economía para crecer a un ritmo más acelerado.

Se puede decir, pues, que existe una incapacidad y falta de respuestas del sindicalismo; empero, lo real es un rechazo de todos los gobiernos neoliberales incluido este, a integrar a los sindicatos a las discusiones de las políticas públicas. Por tanto, parece claro que el actual gobierno en su estrategia dominada por la ideología de la derecha neoliberal, sigue insistiendo en que lo mejor para el país es separar o negar la inconveniente realidad del trabajo como antagonista y como elemento político para la justa restauración del equilibrio económico y político. La exclusión y la elusión es la norma. El liberar al capital del trabajo sigue siendo su sueño.

Por otro lado, el Estado mexicano amparado en su lucha contra el corporativismo-monopolista —que como dijimos sólo cumple con lo que no le conviene— oculta su retirada como un ente regulador que busca la justa reparación de los equilibrios mediante su función distributiva, para adoptar la forma de un Estado que dice respetar la constitución pero mantiene intacta la injusta distribución del ingreso, la concentración económica y un sistema no equilibrado de división de poderes.

Quieren sindicatos sumisos, no sindicatos fuertes. Por ello se aprecia mayor afinidad con los sindicatos corporativizados léase FSTSE y SNTE, CTM y CT. Son los únicos que pueden aceptar sin protesta alguna una política de sumisión y una política de flexibilidad laboral. Aunque este 1º de mayo protestaron por los bajos salarios y los contratos de protección, ellos mismos se contradicen, con el apoyo a la aprobación de la nueva Ley del ISSSTE.

Este 1º de mayo ha muerto un ritual del presidencialismo por obra y gracia del gobierno actual. La historia deberá registrarlo, así nos los repiten. Pregunta, ¿qué sería de nosotros sin ese gobierno? ¿tendremos ahora los trabajadores que agradecer esa decisión? ¿Es realmente una buena decisión sólo hablar de respeto a las conquistas históricas como la autonomía sindical, el contrato colectivo y la huelga?

Cierto, que es urgente negociar una reforma laboral pero, ¿cómo y con quién hacerla? Con sindicatos sumisos o sindicatos fuertes, con un Estado social o un Estado neoliberal. ¿cómo gobernar con un sindicalismo débil frente a las grandes economías globalizadas? Ciertamente el sindicalismo que en conjunto tenemos no es el óptimo, pero si la idea mas socorrida por este gobierno es la exclusión de los sindicatos fuertes ¿cómo gobernar con esa política laboral?.

Afortunadamente los sindicatos y los trabajadores se han mantenido en movimiento permanente a lo largo de nuestra historia, si bien no han logrado ser hegemónicos no han dejado de moverse a favor de los intereses obreros. Este 1º de mayo no ha sido la excepción por el descontento social que se viene acumulando de 25 años de neoliberalismo y los últimos acontecimientos como la nueva Ley del ISSSTE.

Nuestra responsabilidad ahora es darle cause a ese descontento y ampliar y fortalecer nuestras alianzas con los campesinos y con la sociedad en general. Si no lo hacemos de esa manera el Estado neoliberal continuará fortaleciéndose y habremos perdido una oportunidad histórica para modificar las condiciones de exclusión y de elusión que permanecen hasta ahora.