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martes, mayo 02, 2006

Degradacion de la Politica

DEGRADACION DE LA POLITICA

El proceso electoral está llegando a un momento difícil y complicado que puede incluso trascender a la propia carrera electoral y continuar en próximo sexenio. La política mexicana se está degradando paulatinamente por el nivel de confrontación en la que han caído los diferentes candidatos y esto nos puede llevar a una profunda regresión que nulifique lo poco que hemos avanzado en democracia y amenace con una posible ingobernabilidad antes y después del voto del 2 de julio de 2006.

A esto ha contribuido la creciente pérdida de capacidad arbitral del IFE que, si bien es cierto que tiene que intentar hacer compatible, por un lado, la libertad para criticar y, por otro lado, un ambiente político que no acabe erosionando la propia convivencia democrática, al final sólo se ha inclinado a otorgar libertad a Calderón Hinojosa de introducir mensajes de descrédito contra su adversario que ha dejado de serlo y se ha convertido en enemigo pues es “un peligro para México”. El TRIFE es el único que ha actuado en consecuencia, pero no es suficiente.

Este deterioro inició a finales de marzo y principios de abril de 2006. Por esos días, dados los últimos reportes de la diferentes encuestadoras, se preguntaban algunos analistas si ya había finalizado la elección, pues el candidato que encabezaba las preferencias electorales había alcanzado una delantera que era ya difícil de superar. Al mismo tiempo, se empezó a hablar de la posibilidad de una mayoría parlamentaria a favor de AMLO. Estos dos elementos obligaron a los otros dos candidatos en la contienda electoral a replantear sus estrategias electorales.

La idea fue desde ese momento fue reducir esa ventaja, pero ahora sabemos que era sin importar el cómo. Maquiavelo ya había anunciado que lo procedente para bajar las preferencias era una campaña negativa, de contrastes, lo cual desde luego que no es malo en si mismo, pues corresponde a una contienda real. El problema fue que no sólo fue una campaña negativa sino también sucia, donde la diatriba, la descalificación y sobre todo la mentira, la falsedad y el insulto son la norma. Esto ha terminado por convertir a los contrincantes en enemigos. Eso es lo que está deteriorando el proceso electoral y la gobernabilidad futura.

Así, en prácticamente un mes, la consistencia mostrada por el electorado en más de dos años en sus preferencias electorales se vino abajo y la contienda se empató a tercios. Nada para nadie. La causa, por un lado, una estrategia mediática eficiente —repetida sin cesar— aprovechando los errores del contrincante, que se redondeó con encuestas que concluyeron que esto no estaba acabado, por el contrario recién empezaba y, por lo mismo, no había un ganador claro. Más aún, el ya seguro ganador era posible y probable ser derrotarlo. Ahora todo es distinto e incluso, se dijo, que AMLO tendrá que cambiar su estrategia y debatir.

Sin embargo, no todo es tan sencillo. Esa estrategia, si bien es positiva para el PRI y el PAN, —ni siquiera son congruentes entre sí, pues la del PAN le sube más puntos a su candidato y la del PRI al suyo— puede alejar al electorado de las urnas, deteriorar el ejercicio político ante la gente y, por último, llevar el proceso a una contienda no precisamente democrática. En pocas palabras, la propaganda negativa combinada con una propaganda sucia puede funcionar bien para algunos pero en el fondo lleva un mensaje que va en contra de un proceso democrático y en transición como el nuestro.

Esta estrategia, como era de esperarse, para contrarrestar, trajo respuestas con enojo. Nuevamente esto es normal en una democracia, pero la combinación negativa-sucia, ha terminado confundiendo a la gente, más que clarificando las posiciones para que pueda ejercer su voto con libertad y por sus preferencias. Como ejemplo tenemos lo que sucede en las diversas mesas de dialogo realizadas en los medios han terminado totalmente confrontadas y con posiciones irreductibles, sin arrojar resultados o clarificar posiciones. Ya no digamos lo que pasa al interior del IFE. En realidad se está difundiendo confusión y abierta confrontación social y esto no alienta el voto, al contrario lo ahuyenta, tampoco ayuda a la democracia. Esto último es muy delicado, la violencia verbal que arrasa a México, el próximo paso inevitable será la violencia a secas, sin adjetivos.

A todo esto se viene a sumar que la posición del IFE y del TRIFE son diferentes. Veamos. El Consejo General del Instituto Federal Electoral (IFE) determinó por unanimidad que los promocionales de Roberto Madrazo contra Andrés Manuel López Obrador no constituyen violaciones a la legislación electoral, ni representan ataques al candidato presidencial de la coalición Por el Bien de Todos. Luis Carlos Ugalde, llamó a los partidos políticos y a sus candidatos a hacer uso responsable de la libertad de expresión y elevar la calidad del debate. El funcionario adujo que el órgano que encabeza será responsable de proteger el balance entre la libertad y las campañas críticas, sin caer en la denigración.

Por su parte el TRIFE en relación a otra queja presentada por el PRD estableció que ''las manifestaciones consistentes en que Andrés Manuel López Obrador destruyó más de 47 mil empleos cuando fue jefe de Gobierno del Distrito Federal, y que implementó políticas irresponsables, no está relacionado con la plataforma electoral y no coadyuvan a una mejor compresión de esa plataforma (...) de los candidatos contendientes o a la valoración de sus propuestas para solucionar los problemas nacionales''. ''No son frases que formen parte de un discurso propositivo de su programa o planes de acción”.

Por último, queda pendiente resolver si realmente cambiaron las tendencias. Si, como dicen las tres encuestas más difundidas, efectivamente estamos en una situación de nada para nadie, esto es, que no hay favorito y que será una elección a tercios, tal y como se vino diciendo desde el inicio de la contienda electoral con el consiguiente problema de gobernabilidad y si AMLO tiene que cambiar o afinar su estrategia y, con ello, aceptar debatir con los otros cuatro candidatos y moderar, dicen, su estilo rijoso, su beligerancia.

Los perredistas dicen que el cálculo de las encuestas cuyos resultados no favorecen a AMLO se hicieron sobre la base de que votaría el 100% de los electores posibles y que si hubieran sido calculadas con una participación de 60%, como es que se anticipa, las cifras serían diferentes y la ventaja de AMLO habría sido mayor. Por tanto, dicen, bajo ningún supuesto Calderón y Madrazo ganarían hoy las elecciones. Concluyen, afirmando, que para el futuro la variable que se debe mirar es el comportamiento de los independientes y estos han variado hacia arriba, por lo que no hay cambio de tendencia, aunque reconocen que pudiera haberla.

También existe la claridad en que como dice el politólogo italiano Giovanni Sartori, que mantiene una visión crítica del abuso en el uso de las encuestas, escribió en su libro Homo Videns, que la sondeo-dependencia es la auscultación de una falsedad que nos hace caer en una trampa y nos engaña al mismo tiempo. Por su lado, Roderic Ai Camp, afirma que en México ha encontrado la tendencia de los políticos mexicanos a utilizar las encuestas fundamentalmente en su propio interés. Incluso, afirma, que es una manera de “modernizar” el fraude electoral.

Es preciso, por lo anterior, pensar el lugar de las encuestas en una sociedad democrática, y discutir su rol en nuestra peculiar coyuntura sociopolítica. Pues sus modos de preguntar, de diseñar sus alternativas y elegir el universo de los encuestados —incluso sus estrategias metodológicas—, nunca han sido neutrales.

La clave es la gente, bueno siempre lo ha sido, pero ahora cada vez es más claro. Vamos a ver de qué está hecha realmente nuestra sociedad. Qué tanto ha madurado nuestra democracia. Qué tanto los mexicanos podemos recibir ese cúmulo de información negativa y no cambiar la decisión que ya habían tomado o estaban en proceso de tomar.

En los países latinoamericanos donde se dieron cambios hacia gobierno de centro-izquierda, esta campañas negativas fueron y son la norma. Los resultados nos dicen dos cosas relevantes: 1.- la gente terminó por decidir a favor del candidato que fue atacado y 2.- el candidato ganador llegó totalmente atado de manos y con muchas dificultades para cambiar el modelo de mercado neoliberal por una modelo de mercado social. La pregunta es entonces ¿variarán las circunstancias a las del resto de los países de América Latina?

Francia nos puso el ejemplo

Francia se moviliza contra el empleo precario

El presidente de Francia, Jacques Chirac, anunció la derogación de la controvertida ley laboral conocida como Contrato del Primer Empleo (CPE), la cual ocasionó violentas protestas en todo el país. El CPE será reemplazado por un mecanismo de inserción profesional de los jóvenes con dificultades para entrar en el mercado laboral. El Contrato de Primer Empleo facilitaba la contratación de jóvenes, pero también hacía más expedito su despido.

Según fuentes sindicales, un millón de personas participaron en marchas contra el CPE en todo el país, y unas 300.000 de ellas desfilaron por las calles de París. Los principales sindicatos de trabajadores y de estudiantes clamaron victoria y atribuyeron la muerte del CPE a su movilización. y hablan, junto a la oposición de izquierdas, de “victoria histórica”. 'El objetivo ha sido alcanzado', afirmó la Confederación Francesa del Trabajo (CFDT), mientras la Confederación General del Trabajo (CGT) celebró 'la retirada' del CPE como 'un éxito de la unidad sindical'.

En la gente francesa hay el convencimiento de que las libertades públicas y los derechos sociales existen porque los propios ciudadanos presentes y sus ancestros, generación tras generación, los han conquistado y mantenido en un duro y constante tira y afloja con los aspirantes a dueños exclusivos del poder. Acabamos de tener la prueba de ello. La ley reguladora del Contrato de Primer Empleo que se había propuesto imponer a el primer ministro Villepin ha sido respondida con una revuelta popular de tal intensidad y amplitud que el Gobierno no ha encontrado otra salida que retirarla.

Hay analistas y expertos que sostienen que ésa es una mala noticia, porque la economía francesa necesita con urgencia cambios que la hagan menos rígida, en general, pero sobre todo en lo referente a su mercado de trabajo. Pero, a los efectos del asunto, daría igual que tuvieran razón. Porque lo que estoy subrayando no es la capacidad del pueblo francés para imponer su sabiduría, sino para imponerse sobre sus gobernantes, sin más.

Sostengo la tesis, que creo avalada por la Historia, de que los pueblos nunca son rebeldes. A veces están rebeldes. Se ponen rebeldes y, al cabo de un cierto tiempo, se les pasa. O quienes pretenden cambios aprovechan esos momentos circunstancialmente propicios o están perdidos. Eugène Potier, el autor de la letra de La Internacional lo apuntó muy bien en uno de los versos de ese himno tantas veces entonado . Es una máxima propia de herrero: hay que golpear el hierro cuando está caliente. Al rojo, en concreto.

La retórica de los líderes políticos de hoy no está al servicio de construcción o conservación alguna. Su fin es desmantelar. Desmantelar lo que es la herencia social, económica y ética del pasado y, en particular, todas las asociaciones, regulaciones y mecanismos que expresen solidaridad. El Fin de la Historia, lema global de las corporaciones, no es un vaticinio: es una orden para borrar el pasado y lo que nos legó en todas partes. El mercado requiere que todo consumidor y empleado se hallen brutalmente solos en el presente.

Todavía ningún electorado está preparado para aceptar tal desmantelamiento. Por una simple razón. El acto de votar, no importa qué tan manipulada o libre sea la elección, es una manera de conjuntar los recuerdos para respaldar la propuesta de algún programa de futuro. Tocamos aquí la profunda contradicción entre la tiranía del mercado mundial y la democracia, entre las llamadas preferencias del consumidor y los derechos ciudadanos.

En consecuencia, el proceso de desmantelamiento tiene que disfrazarse y esconderse. Esa es la tarea primordial de los líderes políticos de hoy. Por supuesto, su propio papel también se está desmantelando. Pero ya eligieron ejercer, disfrutar y explotar sus menguados poderes, en vez de cotejar su actuación con alguna verdad global. Esto explica su pragmatismo, que se combina con su perpleja falta de realismo. También explica su furtiva veleidad como políticos, algo sin precedentes. Su tarea es prevaricar mientras los tratos de negocios ocurren en otra parte.

Regresemos al típico discurso de los líderes políticos en los tiempos que vivimos. Siempre que enfrentan oposición, tienen que ocultar lo que ocurre erigiendo rápidamente un muro de palabras opacas. La conclusión del discurso de Jacques Chirac es un ejemplo perfecto. "Cuando en la república nos preocupa el interés nacional, no debemos pensar en términos de ganadores o perdedores. Debemos juntarnos todos. Y que cada uno, desde su sitio, actúe con responsabilidad."

Un muro verbal oculta lo que está ocurriendo. Y del otro lado del muro el trascavo continúa el desmantelamiento. No obstante, con muro o sin él, todo el mundo, excepto los ricos o aquellos con buenas probabilidades de volverse ricos, está consciente del desmantelamiento. Por eso salen a la calle 3 millones de personas. Por eso la gran preocupación nacional en torno al desempleo, en torno al riesgo siempre presente de quedar desempleados y la creciente carga de trabajo que pesa sobre los empleados.

La nueva ley en cuestión, que aumenta la precariedad del empleo para quienes terminaron sus estudios, fue presentada oficialmente como medida de corto plazo para disminuir el desempleo. El daño existente tuvo que admitirse oficialmente, pero tienen que ocultar y hacer confusas sus causas y sus consecuencias de largo plazo. (Si no lo hacen habrá más descontento, revueltas, ira y violencia.)

En vez de admitir la existencia del trascavo —que es la maquinaria modernizante de la actual tiranía del mercado económico— se refieren al desempleo cual si fuera una epidemia o la peste. Un "flagelo" fue el término que usó el presidente. En vez de impugnar este falso concepto de modernización, hablan del brutal desmantelamiento cual si fuera un capítulo de las ciencias naturales. El "mundo del trabajo", según anunció el presidente Chirac, "está en perpetua evolución. Tales discursos revelan que los políticos que los pronuncian han abdicado, de hecho, a la política. La política es su excusa. Y pese a dirigirse a multitudes (20 millones de personas en el caso de Chirac), hay que notar lo solitarios, y por tanto absurdos, que se han vuelto sus argumentos públicos.

La derecha francesa califica a Francia como organismo comatoso cuya reforma se impone con irrefutable evidencia. Los promotores de la "Francia que se hunde" ven sumirse al país en una suerte de desesperación colectiva que se habría manifestado especialmente el 29 de mayo de 2005, con ocasión del "No" al proyecto de Tratado Constitucional europeo. "Francia, afirma por ejemplo Nicolas Baverez, jefe de fila de los "derrotistas", se ha aislado en una burbuja de demagogia y mentiras, los políticos se niegan a decir la verdad (...) No se atreven a hacer reformas porque temen las revoluciones. Pero es precisamente la ausencia de reformas lo que culmina en las revoluciones". Para terminar con esta "Francia enferma en una Europa decadente", llaman a una rectificación liberal. Y hace tiempo que recomiendan la desregulación del mercado laboral, convencidos de que basta con accionar algunas simples palancas.

En este contexto alarmista, apremiado por los "rupturistas", el primer ministro francés Dominique de Villepin, acusado de estar "de pie ante Bush pero de rodillas ante la CGT", habría decidido romper "la política expectante de las elites" y concretar por fin la reforma del empleo.

Acusada por la derecha de ser hoy "el enfermo de Europa", Francia es por el contrario un país que resiste. Uno de los pocos en Europa donde con formidable vitalidad una mayoría de asalariados se niega a una globalización salvaje que significaría la toma del poder por las finanzas. Y que abandona a los ciudadanos a las empresas mientras el Estado se lava las manos. Descorazona esta modificación radical de la relación entre los poderes públicos y la sociedad (el final del "Estado protector").

La solidaridad social constituye un rasgo fundamental de la identidad francesa. Una solidaridad que el CPE contribuye a liquidar. De ahí una vez más la impugnación. Y la revuelta.

La situación vital de los jóvenes —coyuntura laboral y social; y perspectivas de futuro a corto, medio y largo plazo—es dramática. Tal vez las principales características emocionales son el sufrimiento y la desesperanza: carencia de perspectivas y de cualquier base material para tener garantizada la supervivencia digna. Es muy probable que el sentimiento fundamental de los subtrabajadores jóvenes y de su entorno familiar sea la angustia.

La ley que ha provocado la rebelión con la aprobación del CPE lo hace evidente al establecer la edad de 26 años como edad límite para un contrato de primer empleo. La explotación laboral —cuándo encuentran trabajo— es ilimitada. Otra vez ese contrato lo pone de manifiesto. Los trabajadores pueden ser despedidos en edades próximas a los 26 años dejando el puesto de trabajo a trabajadores más jóvenes. El despido es absolutamente libre. El contrato supone la construcción e integración legal de los jóvenes entre los 18 y los 26 años en un “ejército de reserva de mano de obra”. La crueldad —estructural y subjetiva— del neoliberalismo salvaje es también ilimitada. Está construyendo, también en el centro capitalista, una sociedad de marginados.

La cumbre de Lisboa (2000) decidió que Europa debía ser “la economía más competitiva”. En todos los estados de la Unión Europea, cualquiera que fuese su gobierno, se aplicó la misma receta: reducción de cargas sociales para los empresarios, bajada del “coste laboral”, privatización de los servicios públicos, precariedad, flexibilidad y desempleo masivo.

La cumbre lisboeta fijaba el siguiente objetivo para los jóvenes: “favorecer la disponibilidad y adaptabilidad de los jóvenes a las necesidades de la empresa”. Ahí está el origen del Contrato de Primer Empleo, que deja a los jóvenes a merced del patrono. Es una política enfocada a obtener los máximos beneficios capitalistas en época de crisis económica. Unos beneficios exorbitantes: 84.000 millones de euros para los 40 principales grupos capitalistas en Francia.

El primer ministro, Dominique de Villepin, ha querido dejar bien claro en que no hay alternativa a la reforma y que Francia debe alinearse con Europa. Pero los otros países europeos también miran a Francia de reojo. El parlamento sueco debate una proposición semejante a la del CPE, en Alemania también se está preparando algo parecido. La gran coalición (cristianodemócratas y socialistas) que gobierna en Berlín también quiere cambiar el Código del Trabajo e introducir un periodo de prueba de dos años para todos los asalariados. Pero no sólo los franceses se han echado a la calle. En Gran Bretaña acaba de declararse la mayor huelga de servicios públicos desde 1926 (millón y medio de huelguistas) contra los 5 años más de carrera. De modo que existen posibilidades reales de atajar la ofensiva de la patronal europea.

Por primera vez en mucho tiempo, los jóvenes y los trabajadores de Francia son capaces de atajar la ofensiva patronal capitalista. Su victoria es un gran aliento para todas las luchas en Europa y del mundo. Su victoria también será la muestra.