Degradacion de la Politica
DEGRADACION DE LA POLITICA
El proceso electoral está llegando a un momento difícil y complicado que puede incluso trascender a la propia carrera electoral y continuar en próximo sexenio. La política mexicana se está degradando paulatinamente por el nivel de confrontación en la que han caído los diferentes candidatos y esto nos puede llevar a una profunda regresión que nulifique lo poco que hemos avanzado en democracia y amenace con una posible ingobernabilidad antes y después del voto del 2 de julio de 2006.
A esto ha contribuido la creciente pérdida de capacidad arbitral del IFE que, si bien es cierto que tiene que intentar hacer compatible, por un lado, la libertad para criticar y, por otro lado, un ambiente político que no acabe erosionando la propia convivencia democrática, al final sólo se ha inclinado a otorgar libertad a Calderón Hinojosa de introducir mensajes de descrédito contra su adversario que ha dejado de serlo y se ha convertido en enemigo pues es “un peligro para México”. El TRIFE es el único que ha actuado en consecuencia, pero no es suficiente.
Este deterioro inició a finales de marzo y principios de abril de 2006. Por esos días, dados los últimos reportes de la diferentes encuestadoras, se preguntaban algunos analistas si ya había finalizado la elección, pues el candidato que encabezaba las preferencias electorales había alcanzado una delantera que era ya difícil de superar. Al mismo tiempo, se empezó a hablar de la posibilidad de una mayoría parlamentaria a favor de AMLO. Estos dos elementos obligaron a los otros dos candidatos en la contienda electoral a replantear sus estrategias electorales.
La idea fue desde ese momento fue reducir esa ventaja, pero ahora sabemos que era sin importar el cómo. Maquiavelo ya había anunciado que lo procedente para bajar las preferencias era una campaña negativa, de contrastes, lo cual desde luego que no es malo en si mismo, pues corresponde a una contienda real. El problema fue que no sólo fue una campaña negativa sino también sucia, donde la diatriba, la descalificación y sobre todo la mentira, la falsedad y el insulto son la norma. Esto ha terminado por convertir a los contrincantes en enemigos. Eso es lo que está deteriorando el proceso electoral y la gobernabilidad futura.
Así, en prácticamente un mes, la consistencia mostrada por el electorado en más de dos años en sus preferencias electorales se vino abajo y la contienda se empató a tercios. Nada para nadie. La causa, por un lado, una estrategia mediática eficiente —repetida sin cesar— aprovechando los errores del contrincante, que se redondeó con encuestas que concluyeron que esto no estaba acabado, por el contrario recién empezaba y, por lo mismo, no había un ganador claro. Más aún, el ya seguro ganador era posible y probable ser derrotarlo. Ahora todo es distinto e incluso, se dijo, que AMLO tendrá que cambiar su estrategia y debatir.
Sin embargo, no todo es tan sencillo. Esa estrategia, si bien es positiva para el PRI y el PAN, —ni siquiera son congruentes entre sí, pues la del PAN le sube más puntos a su candidato y la del PRI al suyo— puede alejar al electorado de las urnas, deteriorar el ejercicio político ante la gente y, por último, llevar el proceso a una contienda no precisamente democrática. En pocas palabras, la propaganda negativa combinada con una propaganda sucia puede funcionar bien para algunos pero en el fondo lleva un mensaje que va en contra de un proceso democrático y en transición como el nuestro.
Esta estrategia, como era de esperarse, para contrarrestar, trajo respuestas con enojo. Nuevamente esto es normal en una democracia, pero la combinación negativa-sucia, ha terminado confundiendo a la gente, más que clarificando las posiciones para que pueda ejercer su voto con libertad y por sus preferencias. Como ejemplo tenemos lo que sucede en las diversas mesas de dialogo realizadas en los medios han terminado totalmente confrontadas y con posiciones irreductibles, sin arrojar resultados o clarificar posiciones. Ya no digamos lo que pasa al interior del IFE. En realidad se está difundiendo confusión y abierta confrontación social y esto no alienta el voto, al contrario lo ahuyenta, tampoco ayuda a la democracia. Esto último es muy delicado, la violencia verbal que arrasa a México, el próximo paso inevitable será la violencia a secas, sin adjetivos.
A todo esto se viene a sumar que la posición del IFE y del TRIFE son diferentes. Veamos. El Consejo General del Instituto Federal Electoral (IFE) determinó por unanimidad que los promocionales de Roberto Madrazo contra Andrés Manuel López Obrador no constituyen violaciones a la legislación electoral, ni representan ataques al candidato presidencial de la coalición Por el Bien de Todos. Luis Carlos Ugalde, llamó a los partidos políticos y a sus candidatos a hacer uso responsable de la libertad de expresión y elevar la calidad del debate. El funcionario adujo que el órgano que encabeza será responsable de proteger el balance entre la libertad y las campañas críticas, sin caer en la denigración.
Por su parte el TRIFE en relación a otra queja presentada por el PRD estableció que ''las manifestaciones consistentes en que Andrés Manuel López Obrador destruyó más de 47 mil empleos cuando fue jefe de Gobierno del Distrito Federal, y que implementó políticas irresponsables, no está relacionado con la plataforma electoral y no coadyuvan a una mejor compresión de esa plataforma (...) de los candidatos contendientes o a la valoración de sus propuestas para solucionar los problemas nacionales''. ''No son frases que formen parte de un discurso propositivo de su programa o planes de acción”.
Por último, queda pendiente resolver si realmente cambiaron las tendencias. Si, como dicen las tres encuestas más difundidas, efectivamente estamos en una situación de nada para nadie, esto es, que no hay favorito y que será una elección a tercios, tal y como se vino diciendo desde el inicio de la contienda electoral con el consiguiente problema de gobernabilidad y si AMLO tiene que cambiar o afinar su estrategia y, con ello, aceptar debatir con los otros cuatro candidatos y moderar, dicen, su estilo rijoso, su beligerancia.
Los perredistas dicen que el cálculo de las encuestas cuyos resultados no favorecen a AMLO se hicieron sobre la base de que votaría el 100% de los electores posibles y que si hubieran sido calculadas con una participación de 60%, como es que se anticipa, las cifras serían diferentes y la ventaja de AMLO habría sido mayor. Por tanto, dicen, bajo ningún supuesto Calderón y Madrazo ganarían hoy las elecciones. Concluyen, afirmando, que para el futuro la variable que se debe mirar es el comportamiento de los independientes y estos han variado hacia arriba, por lo que no hay cambio de tendencia, aunque reconocen que pudiera haberla.
También existe la claridad en que como dice el politólogo italiano Giovanni Sartori, que mantiene una visión crítica del abuso en el uso de las encuestas, escribió en su libro Homo Videns, que la sondeo-dependencia es la auscultación de una falsedad que nos hace caer en una trampa y nos engaña al mismo tiempo. Por su lado, Roderic Ai Camp, afirma que en México ha encontrado la tendencia de los políticos mexicanos a utilizar las encuestas fundamentalmente en su propio interés. Incluso, afirma, que es una manera de “modernizar” el fraude electoral.
Es preciso, por lo anterior, pensar el lugar de las encuestas en una sociedad democrática, y discutir su rol en nuestra peculiar coyuntura sociopolítica. Pues sus modos de preguntar, de diseñar sus alternativas y elegir el universo de los encuestados —incluso sus estrategias metodológicas—, nunca han sido neutrales.
La clave es la gente, bueno siempre lo ha sido, pero ahora cada vez es más claro. Vamos a ver de qué está hecha realmente nuestra sociedad. Qué tanto ha madurado nuestra democracia. Qué tanto los mexicanos podemos recibir ese cúmulo de información negativa y no cambiar la decisión que ya habían tomado o estaban en proceso de tomar.
En los países latinoamericanos donde se dieron cambios hacia gobierno de centro-izquierda, esta campañas negativas fueron y son la norma. Los resultados nos dicen dos cosas relevantes: 1.- la gente terminó por decidir a favor del candidato que fue atacado y 2.- el candidato ganador llegó totalmente atado de manos y con muchas dificultades para cambiar el modelo de mercado neoliberal por una modelo de mercado social. La pregunta es entonces ¿variarán las circunstancias a las del resto de los países de América Latina?
El proceso electoral está llegando a un momento difícil y complicado que puede incluso trascender a la propia carrera electoral y continuar en próximo sexenio. La política mexicana se está degradando paulatinamente por el nivel de confrontación en la que han caído los diferentes candidatos y esto nos puede llevar a una profunda regresión que nulifique lo poco que hemos avanzado en democracia y amenace con una posible ingobernabilidad antes y después del voto del 2 de julio de 2006.
A esto ha contribuido la creciente pérdida de capacidad arbitral del IFE que, si bien es cierto que tiene que intentar hacer compatible, por un lado, la libertad para criticar y, por otro lado, un ambiente político que no acabe erosionando la propia convivencia democrática, al final sólo se ha inclinado a otorgar libertad a Calderón Hinojosa de introducir mensajes de descrédito contra su adversario que ha dejado de serlo y se ha convertido en enemigo pues es “un peligro para México”. El TRIFE es el único que ha actuado en consecuencia, pero no es suficiente.
Este deterioro inició a finales de marzo y principios de abril de 2006. Por esos días, dados los últimos reportes de la diferentes encuestadoras, se preguntaban algunos analistas si ya había finalizado la elección, pues el candidato que encabezaba las preferencias electorales había alcanzado una delantera que era ya difícil de superar. Al mismo tiempo, se empezó a hablar de la posibilidad de una mayoría parlamentaria a favor de AMLO. Estos dos elementos obligaron a los otros dos candidatos en la contienda electoral a replantear sus estrategias electorales.
La idea fue desde ese momento fue reducir esa ventaja, pero ahora sabemos que era sin importar el cómo. Maquiavelo ya había anunciado que lo procedente para bajar las preferencias era una campaña negativa, de contrastes, lo cual desde luego que no es malo en si mismo, pues corresponde a una contienda real. El problema fue que no sólo fue una campaña negativa sino también sucia, donde la diatriba, la descalificación y sobre todo la mentira, la falsedad y el insulto son la norma. Esto ha terminado por convertir a los contrincantes en enemigos. Eso es lo que está deteriorando el proceso electoral y la gobernabilidad futura.
Así, en prácticamente un mes, la consistencia mostrada por el electorado en más de dos años en sus preferencias electorales se vino abajo y la contienda se empató a tercios. Nada para nadie. La causa, por un lado, una estrategia mediática eficiente —repetida sin cesar— aprovechando los errores del contrincante, que se redondeó con encuestas que concluyeron que esto no estaba acabado, por el contrario recién empezaba y, por lo mismo, no había un ganador claro. Más aún, el ya seguro ganador era posible y probable ser derrotarlo. Ahora todo es distinto e incluso, se dijo, que AMLO tendrá que cambiar su estrategia y debatir.
Sin embargo, no todo es tan sencillo. Esa estrategia, si bien es positiva para el PRI y el PAN, —ni siquiera son congruentes entre sí, pues la del PAN le sube más puntos a su candidato y la del PRI al suyo— puede alejar al electorado de las urnas, deteriorar el ejercicio político ante la gente y, por último, llevar el proceso a una contienda no precisamente democrática. En pocas palabras, la propaganda negativa combinada con una propaganda sucia puede funcionar bien para algunos pero en el fondo lleva un mensaje que va en contra de un proceso democrático y en transición como el nuestro.
Esta estrategia, como era de esperarse, para contrarrestar, trajo respuestas con enojo. Nuevamente esto es normal en una democracia, pero la combinación negativa-sucia, ha terminado confundiendo a la gente, más que clarificando las posiciones para que pueda ejercer su voto con libertad y por sus preferencias. Como ejemplo tenemos lo que sucede en las diversas mesas de dialogo realizadas en los medios han terminado totalmente confrontadas y con posiciones irreductibles, sin arrojar resultados o clarificar posiciones. Ya no digamos lo que pasa al interior del IFE. En realidad se está difundiendo confusión y abierta confrontación social y esto no alienta el voto, al contrario lo ahuyenta, tampoco ayuda a la democracia. Esto último es muy delicado, la violencia verbal que arrasa a México, el próximo paso inevitable será la violencia a secas, sin adjetivos.
A todo esto se viene a sumar que la posición del IFE y del TRIFE son diferentes. Veamos. El Consejo General del Instituto Federal Electoral (IFE) determinó por unanimidad que los promocionales de Roberto Madrazo contra Andrés Manuel López Obrador no constituyen violaciones a la legislación electoral, ni representan ataques al candidato presidencial de la coalición Por el Bien de Todos. Luis Carlos Ugalde, llamó a los partidos políticos y a sus candidatos a hacer uso responsable de la libertad de expresión y elevar la calidad del debate. El funcionario adujo que el órgano que encabeza será responsable de proteger el balance entre la libertad y las campañas críticas, sin caer en la denigración.
Por su parte el TRIFE en relación a otra queja presentada por el PRD estableció que ''las manifestaciones consistentes en que Andrés Manuel López Obrador destruyó más de 47 mil empleos cuando fue jefe de Gobierno del Distrito Federal, y que implementó políticas irresponsables, no está relacionado con la plataforma electoral y no coadyuvan a una mejor compresión de esa plataforma (...) de los candidatos contendientes o a la valoración de sus propuestas para solucionar los problemas nacionales''. ''No son frases que formen parte de un discurso propositivo de su programa o planes de acción”.
Por último, queda pendiente resolver si realmente cambiaron las tendencias. Si, como dicen las tres encuestas más difundidas, efectivamente estamos en una situación de nada para nadie, esto es, que no hay favorito y que será una elección a tercios, tal y como se vino diciendo desde el inicio de la contienda electoral con el consiguiente problema de gobernabilidad y si AMLO tiene que cambiar o afinar su estrategia y, con ello, aceptar debatir con los otros cuatro candidatos y moderar, dicen, su estilo rijoso, su beligerancia.
Los perredistas dicen que el cálculo de las encuestas cuyos resultados no favorecen a AMLO se hicieron sobre la base de que votaría el 100% de los electores posibles y que si hubieran sido calculadas con una participación de 60%, como es que se anticipa, las cifras serían diferentes y la ventaja de AMLO habría sido mayor. Por tanto, dicen, bajo ningún supuesto Calderón y Madrazo ganarían hoy las elecciones. Concluyen, afirmando, que para el futuro la variable que se debe mirar es el comportamiento de los independientes y estos han variado hacia arriba, por lo que no hay cambio de tendencia, aunque reconocen que pudiera haberla.
También existe la claridad en que como dice el politólogo italiano Giovanni Sartori, que mantiene una visión crítica del abuso en el uso de las encuestas, escribió en su libro Homo Videns, que la sondeo-dependencia es la auscultación de una falsedad que nos hace caer en una trampa y nos engaña al mismo tiempo. Por su lado, Roderic Ai Camp, afirma que en México ha encontrado la tendencia de los políticos mexicanos a utilizar las encuestas fundamentalmente en su propio interés. Incluso, afirma, que es una manera de “modernizar” el fraude electoral.
Es preciso, por lo anterior, pensar el lugar de las encuestas en una sociedad democrática, y discutir su rol en nuestra peculiar coyuntura sociopolítica. Pues sus modos de preguntar, de diseñar sus alternativas y elegir el universo de los encuestados —incluso sus estrategias metodológicas—, nunca han sido neutrales.
La clave es la gente, bueno siempre lo ha sido, pero ahora cada vez es más claro. Vamos a ver de qué está hecha realmente nuestra sociedad. Qué tanto ha madurado nuestra democracia. Qué tanto los mexicanos podemos recibir ese cúmulo de información negativa y no cambiar la decisión que ya habían tomado o estaban en proceso de tomar.
En los países latinoamericanos donde se dieron cambios hacia gobierno de centro-izquierda, esta campañas negativas fueron y son la norma. Los resultados nos dicen dos cosas relevantes: 1.- la gente terminó por decidir a favor del candidato que fue atacado y 2.- el candidato ganador llegó totalmente atado de manos y con muchas dificultades para cambiar el modelo de mercado neoliberal por una modelo de mercado social. La pregunta es entonces ¿variarán las circunstancias a las del resto de los países de América Latina?
