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martes, abril 18, 2006

Las contradicciones del cambio

Posiblemente los trabajadores se pregunten qué hace la UNT y concretamente el Co. Francisco Hernández Juárez, defendiendo al dirigente de los mineros Napoleón Gómez Urrutia. Posiblemente piensen que estamos dando pasos hacia atrás en el fortalecimiento del sindicalismo mexicano con esa actitud y que deberíamos dejar que lo hundan pues llegó a la dirección sindical heredando el puesto de su padre, no por la vía democrática y apoyado por el gobierno y los grupos de poder político y económico.

Se preguntarán que cómo podemos defender al heredero de un sindicalismo antidemocrático y priísta, que atacó denodadamente las luchas justas y democráticas que emprendieron en la sección 147 o la sección 1, sólo por nombrar algunas. Por último, cómo podemos defender a quién ha continuado con el sindicalismo corporativista que tanto hemos atacado desde el sindicato de telefonistas y de la UNT. Finalmente, recordemos que el Co. Hernández Juárez fue uno de sus más duros críticos del que ahora resultó tener más dinero del que podría obtener.

Ciertamente, estamos en la UNT defendiendo al indefendible como dijera por ahí una caricatura de La Jornada, pero antes que nada primero se planteó y organizó la estrategia para la defensa de los trabajadores. No olvidemos que el sindicato minero no son sólo sus líderes. Tampoco olvidemos que al defender a los trabajadores, defendemos también a su organización y por ende a sus líderes, empero el orden de aparición es sumamente importante.

Ciertamente, que el sindicalismo corporativista y clientelar debe desaparecer, pero hay que tener bien claro que es a nosotros los trabajadores los que nos corresponde hacerlo. No podemos aliarnos a la derecha para que juntos lo acabemos o apoyarla cuado ella actúe, tal y como lo está haciendo ahora. Mejor, no nos parece que debemos centrar nuestros esfuerzos en fortalecernos como sindicalismo y eso significa sumar no restar.

Ciertamente, corremos el riesgo de fortalecer al líder, pero no llegó hasta esta situación por ser servil, sino por lo contrario. Para legitimarse tuvo que ponerse a la cabeza de un sindicato que tiene capacidad y tradición de lucha. Hay que revisar cuántas huelgas han hecho de diciembre de 2001 a la fecha. El dinero en entredicho les costó 14 años de lucha y Napo II logró sacárselo a la empresa.

Ciertamente, que luchar por Napoleón o por Isaías es lo mismo, pero no podemos aceptar que se metan en la autonomía e independencia de los sindicatos, porque estaríamos convalidando que lo hicieran con cualquier sindicato. Que al amparo de la autonomía sindical se hayan hecho riquezas inmensas y cotos de poder, no nos obliga ahora a cederla. Tenemos sí que recuperar y reivindicar ese valor sindical, pero no socavarlo o desaparecerlo tal y como la derecha o el capital quieren.

Ciertamente, lo acontecido es causa de desinformación, pero, es claro, al menos para nosotros, que mucha de esa desinformación fue inducida y quizás el sindicato tenga algo y mucho de culpa por no poder contrarrestarla; empero, también todos hemos visto a Vicente Fox en cadena nacional dando consigna de ese descontento para justificar una estrategia que está implementando el Secretario de Trabajo.

Desde la perspectiva de más de un sindicalista como también de más de un ex Amigo de Vicente Fox, el lance contra el líder de los mineros tiene como único justificante pagar un "favor" a uno o dos empresarios de la industria minera y siderúrgica. No se trata —por más que el discurso oficial insista en ello— de acabar con el corporativismo sindical. La relación del gobierno foxista con el sindicalismo corporativista contradice en toda la línea aquel discurso. Una y otra vez, la Secretaría del Trabajo mandó muy claros mensajes de su entendimiento con el corporativismo sindical. Recuérdese su alianza con el Congreso del Trabajo y la CTM, a la que según la STPS le debemos la paz social.

Salir ahora —a nueve meses de dejar el gobierno— a agitar la bandera contra el corporativismo sindical simple y sencillamente no cuadra. Sólo se comprende de dos maneras: el foxismo devuelve un favor recibido o, de plano, no tiene ni la menor idea del berenjenal en el que se metió. Recordemos que el salinismo al inicio de su sexenio intentó quitar a la “Quina” y lo logró como medida de fortalecimiento, pero al final de sexenio sólo esa razón se le puede ver.

El hecho real es que esos famosos 56 millones de dólares son producto de una lucha por del Derecho de Tanto que tenemos constitucionalmente los trabajadores cuando pasa de manos nuestra fuente de empleo. Como sabemos en los tiempos de salinas se privatizaron dos minas cupieras una en Cananea y otra en Nacozari, ambas en Sonora, y se les otorgó a sus trabajadores el 5% de las acciones vendidas.

Como es de suponer en 14 años alcanzan a pasar muchas cosas. De cualquier forma, como era obvio, cuando se recuperó el dinero y hubo que repartirlo, lo que hicieron fue determinar que sólo tenían derecho los activos en el momento de la privatización, lo cual me parece lógico. Los telefonistas hicimos lo mismo. Por el contrario, la empresa difundió que los 56 millones de dólares les correspondían a todos los trabajadores activos en el momento del pago y alentó las protestas y acusaciones de corrupción. Napoleón dice que esa actitud fue de venganza porque tuvo que pagar. ¿Tu, por qué crees que pudo actual de esa manera?

El sindicalismo democrático sabe ahora, después de un prolongado dominio de la ideología de la revolución mexicana, que no puede crecer si no se alía realmente y sin engaños con la sociedad en su conjunto. Esa alianza se ha estado buscando desde la fundación de la UNT. Se intentó con la llamada Alianza Social formada hace seis años. Se intenta ahora con la Coalición Nacional Democrática. La cooperación y la lucha política —no meramente sindical— son la principal arma de los trabajadores contra el capital.

Mucho se podrá argumentar en pro o en contra, pero estoy claro que sin cultivar y fortalecer su propio espacio político y discursivo el sindicalismo no podrá aliarse con la sociedad. Ciertamente que estos apoyos al sindicalismo minero diluyen o debilitan los esfuerzos de alianzas con sectores sociales porque mediáticamente los han satanizado y satirizado, pero eso es lo que tenemos que hacer. Por ahí Mao decía siguiendo a Sun Tzu: para que no se dispersen las fuerzas, el más lento es el que determina la velocidad de todos. Con esto quiero decir que no podemos correr, porque en un descuido nos quedamos solos.

Por tanto, la frontera entre la necesaria autonomía y el contubernio con un liderazgo cuestionado, la determina nuestra realidad actual. Hay una transición larga y lenta que inicia en 1968 y que no termina. Lo vemos en todos lados y más aún en el sindicalismo quien es el más atrasado. Si el cambio que no se ve en el país, en el sindicalismo se ve menos. El reto, por tanto, es construir no destruir.

Si de algo estoy seguro y la historia nos lo ha mostrado innumerables ocasiones, es que a la derecha o al capital no les interesa el sindicalismo, ni la democracia. Que tenemos que cambiarlo, sin duda, pero dentro de nuestro propio proyecto, con nuestros propios tiempos y recursos y contra aquellos que ahora simulan asumir nuestra responsabilidad con la bandera de la democracia, cuando que en realidad quieren destruir.

La situación no es fácil de comprender porque aparentemente ni estamos en un lado ni estamos en el otro. La realidad nos hace regresar constantemente. Es un ir y regresar continuo. Ni acabamos de dejar el pasado ni abrazamos plenamente el cambio futuro. Pero preguntémonos ¿dónde se encuentra el país en este momento? La transición es complicada, más aún si ha sido tan larga y tan lenta como la nuestra.

Sin duda el cambio arrastra contradicciones que bien nos pueden poner en el limbo o en el atraso. Empero, no podemos dejar de enfrentarlas porque entonces estaríamos actuando contra nuestra propia historia y negándonos en la realidad actual. La solución a esa contradicción no es otra que ejercer nuestra solidaridad con los trabajadores. Sólo negando la competencia entre nosotros y participando en unidad se puede producir soluciones óptimas para los trabajadores. Apoyar a ese sindicalismo es un buen momento para preguntarnos el por qué el sindicalismo mexicano es tan aguantador. Es un tema complejo digno de otro momento de análisis.