CRISIS DEL NEOLIBERALISMO POLITICO EN MEXICO
El triunfo del PRI en las recientes elecciones intermedias, es de cierta manera un fracaso de la burguesía mexicana neoliberal, moderna y modernizadora del México actual. Es una muestra clara del fracaso del proyecto de modernización política intentada por esa oligarquía que toma el poder desde finales de los años setenta, con el desplazamiento de los últimos hijos de la Revolución Mexicana. Después de 30 años de iniciado el proyecto, las elecciones de 2009 nos regresaron al pasado y no con uno sino con varios PRIS, pero sin el control presidencial y con los mismos vicios y cada PRI con su propia cabeza.
La élite política mexicana, impulsada por el surgimiento de la ideología neoliberal y la libertad de mercado, consideró necesario plantearse un nuevo proyecto democrático y económico. La revolución del consumo que anunciaba la nueva ideología, funcionaba tanto para lo económico como para lo político. La autonomía individual que se proclamaba había que incentivarla e incorporarla al proceso democrático mexicano. Empero, antes había que cambiar al Ogro Filantrópico, en el entendido de que era un ogro autoritario y totalitario, pero que cualquiera que fuera su signo ideológico, siempre había sido filantrópico. Había pues una doble vertiente que revertir en la historia mexicana.
A la par de la caracterización de Paz del sistema político priísta como un tumor canceroso chupándole la vida al cuerpo sometido de México, disfrazando de altruismo su parasitismo —abusaba, oprimía, robaba, estafaba… pero construía, educaba, curaba, mantenía la paz social— se da el ascenso de la tecnocracia neoliberal al poder con el objetivo de realizar cambios en lo económico y en lo político. En lo primero, hacia una economía de mercado y del Estado mínimo y, en lo segundo, hacia un divorcio entre el poder y la política, esto es, una nueva legitimidad o normalidad democrática, con pluralismo de partidos, esto es, mayor competencia electoral, y alternancia, derecho a la oposición —moderna, responsable y no antagónica—, mayor información o sobre-información y libertad de expresión, todo ello basado en la soberanía del individuo y no en las formas sociales existentes. En síntesis, un nuevo modelo que se centrara en reducir las rigideces sociales e institucionales.
Un proyecto como ese no podía acometerse sin la participación de los medios masivos de comunicación. La homogenización, estandarización o uniformación de la sociedad, requería de la participación de los medios. Estos forman parte de esas fuerzas que subyacen en la formidable dinámica de individualización de los modos de vida y comportamientos necesarios para el buen funcionamiento del modelo neoliberal. Los medios han sido un elemento básico para disolver las tradiciones y las clases. Muchos estudiosos han coincidido en que el poder de los medios coincide con la capacidad de imposición de modelos.
La élite política mexicana “democrática, moderna, neoliberal y globalizada” que tomó el poder con el gobierno de Salinas asumió plenamente este triple proyecto. Empero, a diferencia de lo económico donde se caminó con rapidez o sin muchos problemas, en lo político se enfrentaron muchas resistencias y problemas. Más de una ocasión se habló de desaparecer o cambiar al PRI, de crear otro partido, de cambiarle el nombre; no obstante, la herencia de la ideología revolucionaria se mantuvo fuerte y una parte de la estructura priísta y la izquierda impidió un cambio radical. La aventura neoliberal de sustituir toda referencia del pasado rígido por un presente flexible e individualista, se vio obstruida por la tradición mexicana.
Al mismo tiempo, el proyecto se vio frustrado por acontecimientos no considerados. Por una lado, la insurgencia social del 88, que primero negó en las urnas el respaldo a ese proyecto, después cuestionó el arribo ilegítimo al poder de esa elite con Salinas a la cabeza, para concluir en la unificación de una parte importante de la llamada izquierda; por otro lado, la insurgencia zapatista que inaugura el cuestionamiento social mundial a la ideología neoliberal y, finalmente, los conflictos intra burgueses que llevan a los asesinatos de Colosio, Ruiz Masieu y el cardenal Posadas. A pesar de ello, convencidos de su verdad tal y como lo están ahora, el proyecto se mantiene, pero no avanza como se quisiera.
Zedillo, otro neoliberal pero de una ortodoxia diferente a la de Salinas quien, como sabemos, no comulgó con el “liberalismo social” salinista. A decir de Carlos Fuentes en una visión “pérfida y maquiavélica”, —ya que liberó al PRI de muchas cargas y las distribuyó— intenta otro camino. Primero la sana distancia entre el presidente y el partido, con lo que buscó debilitar para romper el cordón umbilical entre el presidencialismo y el partido único, para después darle paso a otra opción, en este caso el PAN. Recordemos que fue el primero en reconocer el triunfo de Fox.
El arribo de la derecha clerical mas conservadora —que además creó problemas con el panismo tradicional— se vio como una salida a la necesidad de encontrar esa nueva normalidad y legitimidad democrática, en el marco de la ideología neoliberal. La idea tecnocrática-neoliberal de arribar por fin a una sociedad democrática moderna parecía consumarse. Había ya múltiples opciones de elección política —como en el mercado— y se asomaba, acorde a sus intereses, una sociedad abierta, libre, autónoma, plural, moderna, vinculada al consumo y a la globalización que, y eso era importante, ya no vivía en función del pasado. El presente era su nuevo referente. Todo ello gracias a la labor machacona de los medios y sus voceros.
Al PRI finalmente se le pudo desplazar, conscientes de que con su vieja clase política, con sus rigideces burocráticas que lo formaron y mantuvieron por muchos años en el poder, era un obstáculo para las necesidades de un mundo moderno y globalizado. La élite política y económica en el poder que por muchos años renegó del PRI como parte del Ogro Filantrópico, apoyó sin remilgos a ese PAN ultraconservador, incluso sin importarle que hubiera habido violaciones a la Constitución y la ley, como fue con los “amigos de Fox” y posteriormente con el caso del dudoso triunfo Calderón, “Haiga sido como haiga sido”, en lo que algunos han calificado como las elecciones presidenciales más transparentes y auténticas que ha habido en México.
Hoy esa opción resultó ineficaz. Encontramos que, por una lado, es evidente que esa ultraderecha no sabe gobernar, ni tiene los cuadros políticos preparados para el reto, pero, fundamentalmente, porque el proyecto de un Estado mínimo tal y como lo marca la ideología neoliberal, no sirvió para consolidar a un Estado eficaz y transitar sin problemas hacia la anhelada normalidad democrática; tampoco para garantizar el orden. Los resultados están a la vista en lo económico y ahora en lo político.
Empero, lo mas crítico es haber llegado al 2009 sin lograr el desmantelamiento del viejo del viejo régimen corporativo priísta y que ahora nos quieran vender la idea que esto debemos asumirlo como un pendiente de la alternancia. Comulgan con la idea de que los cambios electorales alcanzados hasta ahora nos llevan a una incertidumbre democrática de manera natural, y que, por tanto, estamos en el camino correcto. En ese sentido, lo que falta, afirman, es profundizar y avanzar en la agenda del neoliberalismo político. En este empeño se asoma la idea de que o bien no han entendido o no saben a ciencia cierta qué fue lo que pasó con este regreso al pasado. Esto se debe a que todavía no han puesto sobre la mesa la cuestión básica: preguntarse si realmente se plantearon un proyecto de ruptura con el pasado. Ahora la sociedad nos confirma que no.
Por otro lado, en la disputa por la titularidad en el gobierno federal cerraron las puertas a la izquierda y se empeñaron en sólo permitirle asumir responsabilidades menores a una “izquierda moderna responsable y propositiva”. Con el calificativo peligrosa la desplazaron de la competencia electoral. En dos momentos lograron evitar que esa “izquierda” peligrosa —tanto Cuauhtémoc como AMLO fueron calificados de esa forma— tomara el gobierno federal. Se impulsó un bipartidismo PRI-PAN. No se buscó que hubieran contrapesos partidistas, sino eliminarlos. No se buscó la alternancia, sino que se obstruyó y se abrió el juego “democrático” de dos partidos iguales. Democracia de compinches muy a la norteamericana.
En ese juego también se impulsó una división en la izquierda. Con la ayuda de los diferentes medios de comunicación, los ideólogos integrados u orgánicos se dieron a la tarea de difundir la idea de cómo debería ser la “izquierda moderna” que necesitaba el país y esos mismos medios de repetirla hasta el cansancio. Paralelamente, desprestigiar y denostar todo aquello que se saliera de ese esquema, acusándolos de añorar el pasado estatista y autoritario, de practicar un populismo conservador del que queremos salir. Proyecto que, por cierto, se ha aplicado en toda América Latina.
A todo ello, la llamada izquierda mexicana también contribuyó. El proyecto de dividir a la izquierda en una buena y otra mala, fue facilitado por ella misma. En principio porque ésta tampoco se planteó un proyecto real de ruptura con el pasado. Además, como la mayoría mexicana interiorizaron el proyecto neoliberal, problema que no es privativo sólo de la izquierda mexicana, si vemos a las socialdemocracias europeas y latinoamericanas. Y en seguida, porque el PRD surgió más como un proyecto electoral, a pesar de que fue la insurgencia social del 88 su motor formativo y la que sentó las bases para una cambio real.
Finalmente, no podemos dejar de hablar someramente de las visiones de prosperidad utópica que disfrutaríamos los países en desarrollo o emergentes si abríamos nuestras fronteras al comercio, al capital, a la deslocalización industrial e incorporábamos en nuestros proyectos de vida la competitividad, la productividad y la flexibilización. Todo ello como sabemos no trajo la prosperidad anunciada, sino pobreza, desempleo, empleo precario, bajos salarios, reducción en la capacidad adquisitiva y, sobre todo, una distribución del ingreso más inequitativa.
En ese contexto, la sociedad mexicana tenía frente a si el 5 de julio de 2009, pocas alternativas. Prácticamente fue rehén de un sistema político que sólo permitía ver hacia atrás. El futuro prometido era una ilusión. Por tanto, el problema se ubica fundamentalmente en la incapacidad de transformar a un sistema político mexicano que ya había entrado en crisis hace treinta años, dado que quieren dejar el pasado sin considerar la historia y que por tanto, no encuentra las salidas al futuro porque no nos hemos planteado un verdadero proyecto de cambio.
Lo que necesitamos es apuntalar con el pasado, con nuestra historia, la construcción del futuro y eso nos incluye a todos. A menos que pensemos que regresar al viejo PRI es nuestro mejor anhelo.
Después del referéndum reprobatorio al que fue sometido el gobierno panista en la elección del 5 de julio de 2009. Se le pide hoy al gobierno que encabece una agenda ambiciosa para que el próximo gobierno pueda llegar con fortaleza. Intelectuales orgánicos ya están hablando de que el Presidente debe hacer su testamento ante la finalización del sexenio. En él se debería convocar a la realización de una agenda audaz y visionaria, irrealizable por ahora pero necesaria para el futuro. Esto es, para que el próximo presidente encuentre bases reales para asumir el poder. Empero esa agenda se presenta sin hacer la crítica a lo acontecido y sólo platean avanzar sobre lo mismo.
En esa circunstancia la función de los trabajadores es sumamente complicada, pero no por ello evitable. La organización obrera, los sindicatos somos los únicos que podemos en estos momentos ser la diferencia, el elemento que incline la balanza hacia un proyecto social. La burguesía está en un momento de debilidad que debemos aprovechar los trabajadores para el cambio que necesita el país, cambio al que también ya están convocando diferentes fuerzas progresistas del país. Es urgente, pues, que con las fuerzas progresistas nos planteemos ya una alternativa que corrija de fondo todos los proyectos que las elites políticas en poder nos han impuesto Ni modo, nuevamente el proletariado tiene que plantearse un proyecto con el progresismo. De lo contrario, estaremos repitiendo esto mismo dentro de nueve años.

2 Comentarios:
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Saludos.
Alfredo Loredo.
San Luis Potosí. S. L. P.
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