MEDIOS Y DEMOCRACIA
En México y Venezuela se ha imbricado un amplio análisis sobre los medios de comunicación que está repercutiendo en todo el mundo. En esta discusión mundial han resaltado los términos de democracia, libertad de expresión, de prensa, crítica, censura y mordaza, pluralismo y adoctrinamiento, competencia, monopolio, discrecionalidad gubernamental y regulación, competitividad, totalitarismo, tiranía, dictadura, populismo (cómo podía faltar estando Venezuela en medio), privilegios, constitución, legalidad, poder privado y poder publico, equilibrio de poderes, plutocracia y autocracia, relación Estado-medios, incluso, particularmente en el caso mexicano spotcracia, digitalización y convergencia digital.
Afortunadamente para los defensores de la “Ley Televisa” no se renovó la concesión a una canal de TV venezolano, lo que les permitió ubicar su defensa. El fantasma de Chávez y todo lo que se pareciera, como el PRD, surgió nuevamente como una justificación de lo que en México no debería pasar sino queríamos regresar a un pasado ya superado de discrecionalidad del gobierno y si buscábamos avanzar hacia un México moderno. Desgraciadamente para ellos apareció la Suprema Corte.
Sin embargo, más allá de esa suma impresionante de calificativos que se están utilizando para justificar o descalificar, resaltan dos elementos fundamentales: 1.- La discusión de fondo sobre el papel central que han jugado y que siguen jugando los medios masivos de comunicación en la vida política de todos los países, ha quedado al margen; discusión que los mismos medios evitan, tapan o simulan. 2.- Que las nuevas tecnologías que convergen en un solo canal gracias a la banda ancha y las formas de vida que a ellas acompañan, están cambiando el papel tradicional de los medios masivos de comunicación.
Las televisoras con el poder que se han ganado y al amparo del foxismo en el contexto de las elecciones, pensaron que era el momento de modificar la ley para incorporarse a la modernidad con ventajas; empero, su proyecto lo ubicaron sólo sacando delantera del punto uno, olvidando o marginando el punto dos. Por tanto, es claro ahora, su incorporación a la modernidad, es decir, adaptar su tecnología para que pudieran converger tres o cuatro servicios, no dependía de modificar la ley.
Se dice con certeza que la televisión no tiene facultad de gobernar, que puede apoyar pero no imponer, pero también es cierto que aún así son parte del juego de las relaciones poder. Existe un paradigma de poder en el que los medios tradicionales son fundamentales. Estos, (principalmente los electrónicos), nos dicen sobre qué y cómo pensar; apuestan al convencimiento emocional y no racional; pueden silenciar y marginar; pueden ser incluso maniqueos. Hay pues, sin duda, una manipulación de las conciencias. Condicionan y estandarizan nuestros comportamientos.
Los mecanismos de dominio se ha vuelto más democráticos. Los comportamientos de integración y de exclusión social propios del poder, son cada vez más interiorizados por los sujetos, son cada vez más naturales. El poder se ejerce por sistemas de comunicación y redes de información que tienen el poder de seducir, convencer y de moldear a los individuos para que interioricen y asuman el discurso dominante. La única finalidad de los medios consiste en difundir repetidamente ciertas formas de pensar y explotarlas. Nada más. La ficción consiste en creer que cada individuo tiene el derecho de decidir sobre su propio destino y la comunidad.
La vieja idea de que los medios serían una entidad que permitiría encontrar equilibrios entre el poder real establecido y la sociedad, se perdió. La burguesía latinoamericana puso su aparato comunicativo al servicio de su proyecto político de clase y en muchos casos asumieron un papel de agitador y organizador colectivo, practica que ha repetido una y otras vez a lo largo de varios decenios. De ahí pues la importancia que tienen los medios y se entiende, entonces, el por qué de una defensa tan acendrada, tanto en México como en Venezuela.
Ahora bien, hay que entender que todo esto acontece en el contexto de un mercado de medios de comunicación altamente concentrado en manos privadas. En Venezuela el 80% del mercado de la TV y radiodifusoras las controlan los inversionistas privados de ese país; en México es lo mismo. Destaca aquí el caso particular de la TV donde el poder lo concentran sólo dos empresas. Por tanto, ¿por qué tanta tinta y tantas palabras para defender sus posiciones, si como inversionistas privados tienen el sartén por el mango y el apoyo del gobierno panista? ¿por qué en nuestro país, al amparo de un gobierno de empresarios para empresarios, los medios electrónicos quisieron o se les permitió tomar hasta el exceso, utilizando como coartada la libertad de expresión y de inversión y dejaron fuera o marginados a los medios públicos y comunitarios?
Sin embargo, el peso de los medios para mantener el poder, influir y normalizar la vida cotidiana, empieza a mermarse en América Latina. Las sociedades latinoamericanas comienzan a ser más resistentes al discurso de convencimiento, seducción y manipulación de conciencias. Más allá de que las izquierdas latinoamericanas hayan ganado el gobierno sin poder tomar aun el poder, lo cierto es que han llegado con el apoyo social a pesar de las campañas negativas inducidas desde Estados Unidos por sus centros de pensamiento.
Si a la disminución efecto mediático en la sociedad, ya sea por maduración política o por resistencia al mensaje, le sumamos que han surgido nuevas tecnologías que han obligado a las televisoras y radiodifusoras a ir a la zaga de la innovación y buscar una rápida incorporación a la nueva modernidad llamada convergencia digital y banda ancha.
Entendemos que los propietarios de los medios y la burguesía quieran tomar una tajada tan grande del pastel, adueñarse de la mayoría del mercado de manera perpetua e incorporarse con ventaja al uso y usufructo de las nuevas tecnologías multimedia. Sin embargo, la realidad es que el papel que los medios masivos de comunicación desarrollaron durante varios decenios está cambiando como ya lo dijimos por la propia gente y la red de redes.
La lucha por la hegemonía de la nueva realidad del mercado genera una confrontación interburguesa, intercapital. Todos contra todos. El punto central, tanto en la escalada contra Chávez, como en la defensa a ultranza de la Ley Televisa, es, sin duda, ganar espacios en el nuevo mercado de la red de redes, en la comunicación e información y todo lo que ello conlleva.
Como bien sabemos los medios de control y estandarización de conciencias no han desaparecido en el siglo XXI, estos se desarrollan y desenvuelven en espacios diferentes a los del siglo XX. La red de redes no es un medio de comunicación, es un canal universal, un canal multimedia por el que pueden circular todos los medios de comunicación actuales. Además puede ser bidireccional, interactivo, del alcance ilimitado y personalizable.
Frente a esta diversidad y flexibilidad la TV y la radio se quedan como canales secundarios y como instrumentos limitados para el control político. Además la gente le está dedicando más horas semanales a la red de redes que a la televisión, la radio, los periódicos y el cine, incluso que al trabajo. Se dice además, como lo arrojó una encuesta mundial, que en pocos años, calculan cinco, el medio preferido para la recepción de noticias e información será la Internet.
El nuevo punto aglutinador social y de competencia entre los capitalistas privados y entre estos y el Estado es explotar la banda ancha, que haya en cada casa una computadora preparada para trabajar con la banda ancha para vender todos los servicios multimedia que sean posibles.
La Internet ha erosionado el papel de los medios de comunicación e información tradicionales y la lucha por mantener la supremacía en la banda ancha involucra ahora a más empresas: telefónicas, cableras, televisoras de canal abierto, productoras de contenidos, periódicos, revistas, música, imágenes, etc. Esa confrontación interburguesa por la supremacía llevó a las televisoras, en el marco de un gobierno de empresarios para empresarios y de un proceso electoral a tratar de tomar la mayor tajada del pastel.
La Suprema Corte le quitó a la ley televisa los excesos en los que cayó porque la confrontación interburguesa que se está dando por el mercado de la convergencia digital no se resolvía con ella, al contrario se acentuaba. Que le regresa al Estado el poder discrecional y le quita al mercado el poder de decisión, si; que en ello ganan los medios públicos y comunitarios, si; que ahora sabemos que hay poderes que equilibran a poderes también si; que nos regresa a cero pues ni modo, pero la misma ley Televisa llegó a convencer hasta sus mismos promotores y los que ganaron con ella, de que había que modificarla porque la gran rebanada de pastel que supuestamente tomaron no les servía para nada en un contexto de mercado nuevo y diferente, dominado por la banda ancha, el Internet y la convergencia digital.

1 Comentarios:
¡OJO COMPAÑEROS TELEFONISTAS!:
http://www.cnnexpansion.com/negocios/2007/11/16/obligan-a-telmex-a-interconectarse
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