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jueves, agosto 17, 2006

EL SINDICALISMO FRENTE A LA COYUNTURA ACTUAL

¿Cómo fue que llegamos hasta donde estamos hoy? ¿cómo fue que en lugar de discutir los avances de nuestra democracia seguimos anclados en esquemas del siglo pasado? ¿cómo es que en lugar de tener un país unido tenemos uno dividido y confrontado? ¿Cómo es que el que finalmente nos gobierne va a estar más acotado por los compromisos a los que se tuvieron que llegar y con un grave déficit de legitimidad? ¿será qué nos dimos demasiadas esperanzas con una democracia todavía inmadura? ¿Será López Obrador el culpable, quien aceptó jugar con las reglas del juego, someterse a sus resultados y decidió no hacerlo?

No lo sé, lo cierto es que lo que tenemos ahora –un país sin orden, sin autoridad, sin ley y más aún dividido y confrontado– se fue formando a lo largo de varios años de este sexenio, por la incapacidad de los actuales gobernantes para fortalecer nuestra incipiente democracia, pero más que nada por los miedos que la clase dirigente, empresarios, intelectuales orgánicos, sindicalistas, iglesias, algunos gobiernos extranjeros y medios de comunicación expresaron ante la posibilidad de perder los pocos avances en “su” democracia mexicana, ya no digamos privilegios.

Corta visión de mundo y miedos se juntaron ante la posibilidad de la izquierda gobierne México y de que se amenace la viabilidad de su proyecto a corto, mediano y largo plazo. Parecía que nuestra democracia daba pasos firmes hacia su fortalecimiento. Sin embargo, se dieron los primeros pasos hacia la exclusión. Así fue que se desarrolló una estrategia que se inició con la integración del un IFE a modo, los video escándalos y el desafuero. La imposibilidad de evitar que un candidato fuerte de la izquierda pudiera competir en la contienda presidencial no canceló la estrategia, al contrario la hizo más intensa y precisa.

Un IFE parcial e incapaz de actuar como verdadero árbitro, perdió las formas, tuvo respuestas a destiempo, permitió la intervención del ejecutivo federal, la iglesia, los empresarios, toleró la campaña del miedo, presentó atípicos conteos, con todo ello, evidenció un fraude o un posible fraude cibernético y tradicional; un presidente de la República empeñado en participar en el proceso electoral y despreocupado por sus responsabilidades reales, un presidente encabezando una campaña mediática para acentuar, por una lado, la necesidad de la continuidad y, por otro lado, lo peligroso que sería para México un populista. Un sector empresarial impulsando una campaña de miedo y finalmente unos medios masivos que abandonaron su función de medios y se convirtieron en parte, eso si, claro está, con amplias ganancias económicas.

En esas circunstancias no podemos empezar el dos de julio como pretenden algunos intelectuales orgánicos, que olvidan todo lo anterior y expresan que lo fundamental es no dañar las instituciones, cuando éstas llevan ya varios años bajo el acoso de los violadores, mismos que ahora se amparan en la Constitución para ocultar sus fechorías. Así ha sido a lo largo de nuestra historia. Quienes deberían cuidar el orden y la ley, son sus principales atacantes. Quienes se oponen a un gobierno progresista, sin el menor rubor, han puesto en riesgo la credibilidad y legitimidad de las instituciones.

La derecha mexicana insiste en ampararse en la legalidad y en el Estado de derecho y es posible que quieran crear una legitimidad desde el poder ilegal, tal y como lo hizo Salinas en su tiempo con auto golpe de Estado. El recuento de poco más del 9% de las casillas, envuelto en un concepto jurídico de certeza y con rigor legalista, parece que busca más legitimar una elección en entre dicho que darle certeza.

Por lo tanto, podemos afirmas sin temor a equivocarnos que las instituciones democráticas están en crisis, que el actual sistema de representación quedó sumamente lesionado y que todo esto aconteció dentro de un México dividido y fragmentado y de una radicalización de las dos fuerzas políticas confrontadas. Tanto en el PAN como en el PRD las fracciones más duras son las que están determinando las políticas a seguir. Todo ello, a mi entender, es lo más grave de todo lo que estamos pasando.

Más allá de lo que resuelva el Trife es claro que esta división y fragmentación social no se subsanará en el corto plazo. Así que lo fundamental será, gane quien gane, encontrar los caminos para el encuentro y la concordia, donde sean considerados los más posibles, no sólo una minoría. Es decir, es sólo mediante una política de masas posible encauzar un rumbo económico y social.

Los sindicatos, a pesar de que también tiene su propia crisis, pueden y deben jugar un papel muy importante en este encuentro. A estas alturas y con el grado de experiencia adquirido, no se concibe otra organización de clase capaz de comunicarse tanto con la clase política como con la sociedad. Lo que necesitamos es "salir" hacia la sociedad y la vida, y permitir la "entrada" de la vida y la sociedad, al mundo sindical. No podemos seguir permitiéndonos el lujo de que las instituciones del movimiento obrero se limiten a tratar los síntomas en vez de atacar las causas de los males sociales.

Sabemos que la legitimidad que queremos empieza con unir al país básicamente sobre problemas comunes de amplio alcance, como serían los problemas de la distribución equitativa del ingreso, de la educación, de la salud, de la seguridad y autonomía alimentaria y de un crecimiento con equidad. Esto es, la unidad debe construirse atacando directamente los desequilibrios macrosociales.

Gane quien gane los sindicatos debemos poner las bases y aportar un alto grado de esfuerzo para caminar en la dirección antes señalada. Consolidar nuestra democracia y poder establecer alianzas con la sociedad, pasa necesariamente por estos puntos; después, o si se quiere paralelamente, podremos hablar de la reforma política y la reforma del Estado, cierto son fundamentales, pero el sindicalismo no puede soslayar que los actores centrales en cambio político son las grandes mayorías mexicanas, la sociedad, no la élites políticas.

Recordemos que después de las elecciones del 2000, se abrió para los sindicatos una etapa de incertidumbre. Enfrentar esa situación fue complicado y difícil y en algunos casos no plenamente satisfactorio. Los sindicatos estuvimos más a la defensiva que a la ofensiva. Lo que se logró rescatar fue más porque pudimos defendernos (ley del IVA, seguridad social, Ley Federal el Trabajo), pero en otros casos nuestra participación fue marginal como la Ley de Radio y TV o en la Reforma del Estado.

Por otro lado, lo sindicatos hemos disminuido nuestra afiliación sindical. La sustitución del sindicalismo corporativo por sindicatos independientes se ha dado más por circunstancias que por una estrategia político-sindical. A pesar de lo que se ha hecho, el Estado apoyado por los empresarios han mantenido vivo el corporativismo y los primeros pasos de Felipe Calderón en este terreno lo reafirman. Lo que parecía ser el inicio de una línea sindical postcorporativa con el gobierno del cambio se truncó. El Estado y sus empresarios continúan prefiriendo a los sindicatos de protección frente a los sindicatos reales, pero también los sindicatos no hemos desarrollado un política sindical que ataque directamente este problema.

Aún en estas particulares circunstancias del sindicalismo mexicano, pocos pueden actuar como lo pueden hacer las organizaciones de los trabajadores. Se ha generado un conflicto político-social que hay que tratar como tal y sólo los sindicatos lo pueden hacer. El reparto de la riqueza es la reivindicación central del sindicalismo en el marco de dejar de ser un sindicalismo reivindicativo y pasar a ser un sindicalismo sociopolítico dentro de un México multicultural.

Es cierto que cada vez es más difícil defender el trabajo asalariado limitándose a actuar en el ámbito de la contratación colectiva entre el sindicato y los patrones. Para ponerlo de otra manera, los sindicatos actúan en oposición a capitales específicos y particulares, cuando el poder que deben confrontar es el del capital en su totalidad. Para ello, el sindicalismo necesita de la lucha social-política para poder enfrentar al capital. Conquistar el poder socio-político tiene que convertirse, diría Marx, en el gran deber de la clase obrera.

El sindicalismo tiene que jugar su propio papel, no puede continuar como una forma subalterna del Estado o del partido y conquistar –no demandar– una plena autonomía. La crisis de los partidos y la desaparición del Estado benefactor hacen de la conquista de la autonomía y de establecer su propia política social, un asunto de absoluta necesidad. Ello significa ni más ni menos regresar al sindicalismo a sus orígenes. Significa también que su accionar no lo legitima el Estado, sino la representación social. La interlocución con las fuerzas políticas, el Estado y los patrones debe darse desde una representación real de la sociedad, no manteniendo o creando nuevas formas de sindicalismo corporativo.

La política neoliberal afecta negativamente a amplios sectores de la sociedad que permanecen indefensos y se agudiza el deterioro social. Así que no se trata sólo de discutir la política fiscal o monetaria, sino de la política social y ello, insisto, incluye la distribución del ingreso, educación, salud, empleo, salario, horario de trabajo, autosuficiencia alimentaria, etcétera.

Algo que es fundamental en el punto de la alianza y el dialogo con la sociedad es definir nuevas formas de solidaridad, donde se respete plenamente las aspiraciones e intereses de los otros sectores con los que se relaciona. El desafío se basa en buscar compatibilizar los intereses de los trabajadores con los de los otros grupos.

Finalmente, la competencia entre los trabajadores favorece los intereses del capital. La cooperación, la solidaridad, la unidad sindical y la lucha política son las principales armas de los trabajadores contra el capital. La competencia entre capitales es fundamental para el capitalismo. La competencia entre trabajadores es veneno puro. Los trabajadores, sólo negando la competencia entre ellos y participando en cooperación y solidaridad pueden presionar en sentido contrario al capital y producir soluciones optimas para los trabajadores y la sociedad en su conjunto.

4 Comentarios:

El dia 12:08 PM, Blogger Demóstenes dijo...

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El dia 2:31 PM, Blogger Demóstenes dijo...

¿No entienden la problemática nacional? Compren este paquete que les garantiza la completa satisfacción de sus intereses informativos o la devolución de su estatus consumista:
democracia para imbéciles

 
El dia 3:36 PM, Blogger Demóstenes dijo...

Canal 6 de julio

 
El dia 5:20 PM, Anonymous Anónimo dijo...

En juntas que hemos tenido con Francisco Hernandez Juarez, el nos ha comentado lo que planea hacer al unir a los sindicatos de mexico, lo cual me parecio y que cre que a la mayoria, mas que excelente. el dia de hoy en Morelos, los granaderos atacaron a los maestros en paro, hay cientos de maestros y padres de familia heridos. me preguntaba cuando vamos a apoyar a la coordinadora del snte en su problema. Hay que tomar en cuenta que lo que pretende el gobierno nos va a afectar a todos los que tenemos hijos y que no podemos pagar escuelas particulares.

 

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