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sábado, noviembre 03, 2007

INFLACIÓN Y DESIGUALDAD

Los últimos gobiernos mexicanos, incluido el actual, han utilizado el control de la inflación como una parte importante de la estabilidad macroeconómica, elemento medular de la política económica. En esa medida, las autoridades monetarias han determinado que el aumento de los precios en este año debe estar en un promedio de entre 3 y 4 por ciento. Sin embargo, en 2007 debido al aumento de los precios internacionales de diferentes productos agropecuarios (maíz, trigo, soya, etc.), de la inestabilidad financiera que trajo consigo la crisis hipotecaria norteamericana y el incremento de los precios internacionales del crudo, esta condición de estabilidad acusó serias deficiencias o si se quiere se está agotando.

Esta nueva situación es preocupante por varias cosas: 1.- porque las autoridades quieren convencernos de que la política monetaria es efectiva y de que la crisis actual afecta en forma leve la economía mexicana, cuando todo indica lo contrario pues los precios internacionales de las materias primas seguirán creciendo lo que, sin duda, presionará a la inflación al alza; 2.- porque el índice nacional de precios al consumidor está determinado como un promedio de los precios de los 43 productos y servicios contenidos en una Canasta Básica y porque este promedio está ocultando aumentos mayores como está pasando con los productos básicos y 3.- porque, además, ese es el promedio sobre el cual se determinarán los aumentos salariales de 2008.

En septiembre de 2007 cuando se esperaba una mayor inflación por el efecto del “gasolinazo”, el resultado fue que al Banxico nos dijo que durante ese mes los precios subieron a una tasa anual de 3.79%, menor al 4% que veníamos arrastrando desde enero de 2007. Una disminución de 0.24 % en relación al dato de agosto de 2007. En función de lo anterior, se dijo que la inflación bajará al final del año y por lo mismo quedará dentro los márgenes establecidos por el Banxico.

El Banco de México nos dijo que los efectos indirectos que crearon las expectativas del aumento de 5,5% a las gasolinas, no traería ni en septiembre de 2007 ni en enero de 2008 una cascada de aumentos de precios y servicios; que la crisis crediticia e hipotecaria mundial afectará de forma leve a nuestra economía y que, por lo tanto, no tendría porque modificar la expectativa inflacionaria del banco para este año y el que viene. Decisión que reafirmó en su informe trimestral emitido al final de octubre de 2007.

En contra sentido el FMI dijo que los países emergentes todavía podían sufrir un impacto mayor del que han experimentado a raíz de las recientes turbulencias financieras mundiales, puesto que: 1.- se espera un menor ritmo de crecimiento y quizás una la recesión en la economía de EUA y esto traerá una desaceleración económica en América Latina, incluido, claro está, nuestro país; 2.- que la recuperación inmobiliaria será larga y difícil y finalmente 3.- que los imparables precios internacionales de las materias primas (granos y petróleo) profundizarán las presiones inflacionarias internacionales.

A pesar de que el grado de incertidumbre en la economía mundial es alto, para el gobierno mexicano hay tranquilidad puesto que para México los pronósticos del FMI están muy castigados y subestiman la capacidad de crecimiento de la economía mexicana. Estamos, se dice, estructuralmente bien porque la reforma fiscal promoverá con gasto en infraestructura la actividad económica y los factores macroeconómicos son más sólidos que antes para enfrentar de desaceleración económica de EUA. En pocas palabras, dicen, tenemos logros en estabilidad financiera y macroeconómica y, por tanto, vamos en la dirección correcta.

Empero, qué tan reales son esos criterios y qué tanto están funcionando. Para el Banxico el gran promedio de la inflación es de 4 por ciento anual, mientras los alimentos, en el mismo periodo, están llegando a 7 por ciento. Desde diciembre de 2006 y hasta septiembre de 2007, el precios promedio de los productos que integran la canasta básica de consumo registró un incremento de 34.17%. De septiembre de 2006 al mismo mes de 2007 los precios de los alimentos se incrementaron 6.54%. Individualmente, la leche en polvo llegó 15.54% y el pollo en piezas a 13.19%. Sólo en el mes pasado el alza en los básicos alcanzó el triple de la inflación general.

Los analistas más abiertos dentro de los que siguen al pie de la letra las doctrinas monetaristas ortodoxos aceptan esta disparidad entre la inflación general y la inflación de los productos básicos; empero, afirman que esta es nueva situación internacional que afecta a muchos países; que no es un fenómeno inflacionario propiamente dicho, sino un reacomodo de los precios relativos a escala mundial y que, por tanto, las políticas monetarias ortodoxas no pueden hacer nada más que esperar a que se diluya el impacto, o bien ya considerar en el cálculo de la inflación los factores internacionales. Aplicar políticas de control de precios, como se ha solicitado. lo que hace es aumentar los desequilibrios.

El banco de México apoya esa idea y reafirma que persistirán las presiones en precios principalmente por aumentos internacionales en materias primas. Nos dice que en el orbe hay factores que empujan al alza a la inflación posiblemente para los próximos dos años, por lo que deberemos hacer lo posible por absorber ese crecimiento. La conclusión más clara del gobierno es que tenemos controlada la inflación, que no está desbordada ni es una amenaza y que no se necesita cambiar la estrategia seguida hasta ahora. Afirmación que se repitió durante septiembre y octubre de 2007.

En una economía globalizada es claro pues que no podemos estar exentos de lo que pasa en otros lugares del mundo. No obstante, la pregunta queda porque cuando los precios de los productos básicos como los alimentos están por arriba del promedio que marca en índice nacional de precios al consumidor, sabemos entonces que algo anda mal, ya que los consumidores de ingresos fijos y bajos son los que están siendo afectados. Más aun, si los aumentos de los salarios se determinan en función de la inflación esperada, pues entonces la situación se complica sustancialmente y entonces podemos hablar de una mayor desigualdad y de mayor expropiación de la riqueza vía inflación.

Entonces, ¿que corresponde ahora?. El gobierno, ante su conclusión de que todo va bien, quiere continuar su estrategia y en esa medida concentrarse en invertir para el crecimiento como única manera de atacar la pobreza. Preocupación compartida con el Banco Mundial. Como se afirmó más arriba, para el gobierno la política fiscal está en el camino correcto, porque, en el marco de un entrono internacional negativo por la desaceleración económica de EUA generada por la crisis hipotecaria, ésta ayudará a que en nuestro país exista un mayor dinamismo de la demanda interna, por el incremento propuesto en la inversión en infraestructura.

No obstante, analistas de todo tipo coinciden en que el crecimiento será lento porque la reforma fiscal se quedó corta y no es clara la magnitud del efecto positivo del que habla el gobierno, pues, contrariamente a lo que se dice, la inflación y la reforma fiscal limitarán el crecimiento; además, depende de otras reformas y, si estas se pueden concretar, entonces podremos ver un crecimiento de 5% en 2012; en tanto, no es seguro que en 2008 se llegue al 3.7% y lo mismo pasa para las cifras esperadas en 2009 y 2010 de tener un 4.1% de crecimiento.

Consciente de ello el gobierno, en voz del secretario de hacienda, habló desde el momento mismo de que se aprobó la reforma fiscal, de que se necesitaba dar paso a otras reformas. Decisión que se reafirmo por el ejecutivo al asegurar que entre “las tareas prioritarias” de su gobierno está continuar con el proceso de reformas estructurales en materia energética, de telecomunicaciones, laboral y de desregulación económica.

Para nosotros los trabajadores el punto fundamental es ¿qué va pasar en enero de 2008 cuando se pongan en vigor los aumentos a la gasolinas junto con la tradicional cuesta de enero? Pues es claro que si los precios internacionales de los productos básicos continuarán subiendo en 2008 y 2009 y, por esa razón, se mantendrá la diferencia entre la inflación general y la inflación de los productos básicos y si lo aumentos salariales se fijan en función de la inflación general, pues entonces habrá un deterioro generalizado de la economía popular.

La UNT pensando en lo anterior se presentó ante el ejecutivo con un documento donde se les dice que ¨Es imprescindible que el Poder Ejecutivo Federal adopte las decisiones de políticas públicas que le corresponden en el ámbito de sus atribuciones, teniendo en cuenta, el marco de su relación con los demás poderes público, la participación corresponsable de la sociedad. En el mismo documento se le marcan 20 puntos para que el ejecutivo federal los cumpla.

Los trabajadores debemos de actuar con firmeza y amplitud para orillar al gobierno a no ver la inflación de los productos básicos sólo como un reacomodo internacional de los precios y que, por lo tanto, debe modificar la forma como está midiendo la inflación. Porque, de lo contrario, encontraremos a la inflación como una forma por la cual se da una expropiación de la riqueza —el Banco de México le llama “extracción de rentas”— de los pobres por los ricos.

jueves, septiembre 13, 2007

Mediocaracia y partidocracia

La crisis electoral y política que propiciaron juntos el foxismo, los medios de comunicación, los grandes empresarios nacionales y extranjeros y sus comunicadores, obligó a los políticos mexicanos a responder a ese reto porque nuestro país no puede repetir una situación igual en el 2009 y menos en el 2012. La gravedad del asunto generó unanimidad en el Congreso de la Unión para proponer, en el marco de la Reforma del Estado, una Reforma Electoral que fuera al fondo del asunto: normar la participación de los gobernantes y de los medios de comunicación y sacar a los poderes fácticos de los procesos electorales.

Esta decisión se pudo concretar porque una parte de los causantes de la crisis político electoral del 2006, convertido ya en gobierno, en su necesidad de obtener recursos económicos para llevar adelante sus propósitos de gobierno, tuvo que aceptar un intercambio político. Así se entrelazaron irremediablemente reforma fiscal con reforma electoral. Así la unidad que posibilitó el triunfo de 2006 quedó escindida. Así se abrió la posibilidad de recuperar para el Estado Mexicano espacios políticos institucionales que le habían sido quitados por poderes fácticos y de limitar los excesos del libre mercado, del liberalismo económico, al menos en el área de medios de comunicación.

El eje sobre el cual giran éstas dos posibilidades se ubicó en lo medios masivos de comunicación electrónicos, porque ese fue el eje sobre el que rondó la estrategia del gobierno anterior, del actual y de los grandes capitales nacionales y extranjeros. Los medios electrónicos fueron los que llevaron el mayor peso de un proyecto que ahora se piensa prolongar hasta el 2025, según ha dicho quien despacha en Los Pinos. La industria de la manipulación de las conciencias, como se le llamó en los inicios de la era neoliberal, fue el punto sobre el cual se pervirtió y se vició nuestra incipiente democracia.

Los medios masivos electrónicos ejercen un poder importante, ciertamente no quieren gobernar, pero si ser parte de un gobierno que defienda sus intereses y los de sus aliados. Reconocemos que los medios contribuyen al debate democrático, pues permiten una diversificación de la información y favorecen a la maduración política del electorado; pero, por la influencia que tienen en la vida cotidiana al condicionar y estandarizar nuestros comportamientos, usan ese poder para transformar la política en espectáculo, para hacer un negocio muy redituable con recursos públicos, para fortalecer sus intereses particulares y de grupo y, como ha estado sucediendo últimamente, para distorsionar la información y tratar de chantajear, como es el caso de los senadores que fueron amenazados de sacarlos de las pantallas cuando participaran en alguna candidatura.

En suma, los medios sometieron a la política y a los políticos y se convirtieron, ellos sí, en un peligro para la democracia. Se llegó pues a excesos ya insoportables que era preciso detener. Por ello, los partidos requerían de un nuevo modelo de comunicación entre ellos y la sociedad; cambiar, pues, el orden mediático monopolizado y secuestrado por los medios masivos de comunicación electrónica. Romper la dependencia enfermiza de los partidos y de los políticos con los medios de comunicación. Decidieron, por tanto, con las armas de la ley, romper esa dependencia y fortalecer al Estado mexicano.

Lo que pierden los integrantes de los medios de comunicación con los cambios a la constitución es mucho. Por ello, cuando el senado invitó a los dueños de los medios de comunicación electrónica a intercambiar opiniones sobre ese nuevo modelo de comunicación, echaron toda la carne al asador para evitar cualquier cambio. Llevaron a todos los comunicadores estrellas que tienen en los segmentos noticiosos, los que a su vez compran y revenden espacios publicitarios. Ahí se presentaron como unas almas de dios preocupadas por la democracia: negaron que el dinero fuera su móvil; se asumieron como los garantes e impulsores de la democracia, acusando a los políticos de falta de credibilidad y a los partidos de fomentar la partidocracia al querer adueñarse del IFE, vía la destitución anticipada de los consejeros de éste organismo; hablaron de que se está queriendo atacar la libertad de expresión; que la decisión de eliminar los gastos publicitarios discrecionales y usar sólo los tiempos oficiales para la propaganda electoral de los partidos era una decisión expropiatoria, porque ello significa destinar para la difusión electoral el 30% de sus espacios estelares con un reflejo negativo en el rating y, finalmente, que se quiere regresar al estatismo o al estalinismo o avanzar hacia el Chavismo.

Eso nos lleva a otro punto fundamental del conflicto no discutido pero si expresado: el ideológico. El que el Estado recupere espacios institucionales perdidos o que el Estado rescate por vía constitucional su función social y mediadora en el área de medios de comunicación y electoral, les causa temor. Ese temor expresado es propio de los neoliberales. Ellos se impusieron debilitando al Estado y lo que quedó de él lo orientaron y lo fortalecieron para su beneficio. Es falso que no necesiten del Estado y que lo vayan a desaparecer, requieren de uno a modo y ahí es donde está la verdadera lucha. Los perdedores en esta lucha no son sólo los medios de comunicación, también alcanza a los grupos de poder, los llamados poderes fácticos, que se impusieron en 2000 y repitieron en 2006 quieren llegar así hasta el 2025. ¿Se puede entender de otra manera el apoyo al CIRT por el CCE y de los hombres de negocios?

Finalmente, el senado aprobó por mayoría su propuesta de modificar nueve artículos de la constitución y, como es una reforma constitucional, debe seguir un proceso largo hasta que finalmente entre en vigor. Sigue el camino de la cámara de diputados y de los congresos locales, así todavía no se puede cantar victoria.

En este largo trecho que falta, ya anunciaron los dueños de los medios que hablarán con los gobernadores para tratar de revertir lo que el senado ya les acotó. No es descabellado pensar que el chantaje que trataron de hacer con los senadores ahora lo intenten con los gobernadores. Por ello, es importante que los sectores organizados como los sindicatos, empecemos una movilización en defensa y apoyo a esta decisión histórica que es una reforma electoral de tercera generación.

Los trabajadores debemos estar alertas porque la andanada mediática contra la reforma se hará en todos los espacios de comunicación que los grupos de poder tienen, lo cual no es cualquier cosa. Los medios de comunicación electrónica se volverán a asumir como los adalides de la democracia e iniciarán una guerra sucia en contra de los políticos ahora encarnados en diputados y senadores.

En esta guerra utilizarán la poca aceptación que los partidos y los políticos tienen, frente a la confianza que disfrutan las televisoras antre la sociedad civil; se resaltará que los verdaderos beneficiarios de la reforma son los partidos, la llamada partidocracia, que se quiere apoderar de un IFE ciudadano, moviendo y controlando a gusto a los consejeros ciudadanos; se hablará de que a los comunicadores se les está coartando la libertad de expresión y que los partidos monopolizan la postulación de candidatos a cargos de elección popular. Finalmente, se dirá que Los partidos son un negocio y uno muy rentable, lo que ahora se vuelve más jugoso como consecuencia de la nueva ley electoral.

No se puede esperar otra cosa de alguien que ante la contundencia del acuerdo de todos los partidos para modificar la constitución no pudo más que amenazar y chantajear y se va a quedar sin una substanciosa cantidad de 5 mil millones de pesos. Así que, lo que los trabajadores debemos ver es: 1.- la democracia moderna no se puede entender sin los partidos políticos; que, por lo mismo, no podemos desaparecerlos por más que no creamos en ellos; además de que son ellos los que nombraron a los actuales consejeros que ahora quieren remover; que este poder de los partidos no deriva de una actitud de agandalle, sino de la propia Constitución. Lo claro es que el buscar desprestigiar más a los partidos tiene que ver en este momento con la decisión de prohibir la contratación de publicidad electoral en radio y TV y que los tiempos oficiales se utilicen para ello.

Lo que tenemos que resaltar nosotros los trabajadores es: 2.- la importancia que tiene esta reforma para nuestro futuro político como país. La crisis política electoral de 2006 se dio porque había un Estado cargado de un solo lado y sin posibilidad de que existiera un contrapeso político a eso. La decisión del senado corrige esa deficiencia institucional y le regresa el poder a su verdadero beneficiario y eso, sólo eso, es fundamental para México.

Finalmente, lo que los trabajadores tenemos que hacer es: 3.- los partidos políticos ya encontraron la forma legal y válida de tener un modelo de comunicación con la sociedad, lo cual no es criticable, pero si una alerta para las organizaciones sindicales que no hemos podido encontrar un modelo. Cierto es que sí se ha buscado pero sólo dentro del modelo enfermizo dominado por los medios; así que, lo que tenemos ahora como responsabilidad, es buscar nuestro propio modelo o sumarnos ¿subordinadamente? al que los partidos ya han encontrado.

De cualquier forma, debemos estar alertas y participativos porque la jornada es larga y el país nos demanda.

jueves, junio 07, 2007

MEDIOS Y DEMOCRACIA

En México y Venezuela se ha imbricado un amplio análisis sobre los medios de comunicación que está repercutiendo en todo el mundo. En esta discusión mundial han resaltado los términos de democracia, libertad de expresión, de prensa, crítica, censura y mordaza, pluralismo y adoctrinamiento, competencia, monopolio, discrecionalidad gubernamental y regulación, competitividad, totalitarismo, tiranía, dictadura, populismo (cómo podía faltar estando Venezuela en medio), privilegios, constitución, legalidad, poder privado y poder publico, equilibrio de poderes, plutocracia y autocracia, relación Estado-medios, incluso, particularmente en el caso mexicano spotcracia, digitalización y convergencia digital.

Afortunadamente para los defensores de la “Ley Televisa” no se renovó la concesión a una canal de TV venezolano, lo que les permitió ubicar su defensa. El fantasma de Chávez y todo lo que se pareciera, como el PRD, surgió nuevamente como una justificación de lo que en México no debería pasar sino queríamos regresar a un pasado ya superado de discrecionalidad del gobierno y si buscábamos avanzar hacia un México moderno. Desgraciadamente para ellos apareció la Suprema Corte.

Sin embargo, más allá de esa suma impresionante de calificativos que se están utilizando para justificar o descalificar, resaltan dos elementos fundamentales: 1.- La discusión de fondo sobre el papel central que han jugado y que siguen jugando los medios masivos de comunicación en la vida política de todos los países, ha quedado al margen; discusión que los mismos medios evitan, tapan o simulan. 2.- Que las nuevas tecnologías que convergen en un solo canal gracias a la banda ancha y las formas de vida que a ellas acompañan, están cambiando el papel tradicional de los medios masivos de comunicación.

Las televisoras con el poder que se han ganado y al amparo del foxismo en el contexto de las elecciones, pensaron que era el momento de modificar la ley para incorporarse a la modernidad con ventajas; empero, su proyecto lo ubicaron sólo sacando delantera del punto uno, olvidando o marginando el punto dos. Por tanto, es claro ahora, su incorporación a la modernidad, es decir, adaptar su tecnología para que pudieran converger tres o cuatro servicios, no dependía de modificar la ley.

Se dice con certeza que la televisión no tiene facultad de gobernar, que puede apoyar pero no imponer, pero también es cierto que aún así son parte del juego de las relaciones poder. Existe un paradigma de poder en el que los medios tradicionales son fundamentales. Estos, (principalmente los electrónicos), nos dicen sobre qué y cómo pensar; apuestan al convencimiento emocional y no racional; pueden silenciar y marginar; pueden ser incluso maniqueos. Hay pues, sin duda, una manipulación de las conciencias. Condicionan y estandarizan nuestros comportamientos.

Los mecanismos de dominio se ha vuelto más democráticos. Los comportamientos de integración y de exclusión social propios del poder, son cada vez más interiorizados por los sujetos, son cada vez más naturales. El poder se ejerce por sistemas de comunicación y redes de información que tienen el poder de seducir, convencer y de moldear a los individuos para que interioricen y asuman el discurso dominante. La única finalidad de los medios consiste en difundir repetidamente ciertas formas de pensar y explotarlas. Nada más. La ficción consiste en creer que cada individuo tiene el derecho de decidir sobre su propio destino y la comunidad.

La vieja idea de que los medios serían una entidad que permitiría encontrar equilibrios entre el poder real establecido y la sociedad, se perdió. La burguesía latinoamericana puso su aparato comunicativo al servicio de su proyecto político de clase y en muchos casos asumieron un papel de agitador y organizador colectivo, practica que ha repetido una y otras vez a lo largo de varios decenios. De ahí pues la importancia que tienen los medios y se entiende, entonces, el por qué de una defensa tan acendrada, tanto en México como en Venezuela.

Ahora bien, hay que entender que todo esto acontece en el contexto de un mercado de medios de comunicación altamente concentrado en manos privadas. En Venezuela el 80% del mercado de la TV y radiodifusoras las controlan los inversionistas privados de ese país; en México es lo mismo. Destaca aquí el caso particular de la TV donde el poder lo concentran sólo dos empresas. Por tanto, ¿por qué tanta tinta y tantas palabras para defender sus posiciones, si como inversionistas privados tienen el sartén por el mango y el apoyo del gobierno panista? ¿por qué en nuestro país, al amparo de un gobierno de empresarios para empresarios, los medios electrónicos quisieron o se les permitió tomar hasta el exceso, utilizando como coartada la libertad de expresión y de inversión y dejaron fuera o marginados a los medios públicos y comunitarios?

Sin embargo, el peso de los medios para mantener el poder, influir y normalizar la vida cotidiana, empieza a mermarse en América Latina. Las sociedades latinoamericanas comienzan a ser más resistentes al discurso de convencimiento, seducción y manipulación de conciencias. Más allá de que las izquierdas latinoamericanas hayan ganado el gobierno sin poder tomar aun el poder, lo cierto es que han llegado con el apoyo social a pesar de las campañas negativas inducidas desde Estados Unidos por sus centros de pensamiento.

Si a la disminución efecto mediático en la sociedad, ya sea por maduración política o por resistencia al mensaje, le sumamos que han surgido nuevas tecnologías que han obligado a las televisoras y radiodifusoras a ir a la zaga de la innovación y buscar una rápida incorporación a la nueva modernidad llamada convergencia digital y banda ancha.

Entendemos que los propietarios de los medios y la burguesía quieran tomar una tajada tan grande del pastel, adueñarse de la mayoría del mercado de manera perpetua e incorporarse con ventaja al uso y usufructo de las nuevas tecnologías multimedia. Sin embargo, la realidad es que el papel que los medios masivos de comunicación desarrollaron durante varios decenios está cambiando como ya lo dijimos por la propia gente y la red de redes.

La lucha por la hegemonía de la nueva realidad del mercado genera una confrontación interburguesa, intercapital. Todos contra todos. El punto central, tanto en la escalada contra Chávez, como en la defensa a ultranza de la Ley Televisa, es, sin duda, ganar espacios en el nuevo mercado de la red de redes, en la comunicación e información y todo lo que ello conlleva.

Como bien sabemos los medios de control y estandarización de conciencias no han desaparecido en el siglo XXI, estos se desarrollan y desenvuelven en espacios diferentes a los del siglo XX. La red de redes no es un medio de comunicación, es un canal universal, un canal multimedia por el que pueden circular todos los medios de comunicación actuales. Además puede ser bidireccional, interactivo, del alcance ilimitado y personalizable.

Frente a esta diversidad y flexibilidad la TV y la radio se quedan como canales secundarios y como instrumentos limitados para el control político. Además la gente le está dedicando más horas semanales a la red de redes que a la televisión, la radio, los periódicos y el cine, incluso que al trabajo. Se dice además, como lo arrojó una encuesta mundial, que en pocos años, calculan cinco, el medio preferido para la recepción de noticias e información será la Internet.

El nuevo punto aglutinador social y de competencia entre los capitalistas privados y entre estos y el Estado es explotar la banda ancha, que haya en cada casa una computadora preparada para trabajar con la banda ancha para vender todos los servicios multimedia que sean posibles.

La Internet ha erosionado el papel de los medios de comunicación e información tradicionales y la lucha por mantener la supremacía en la banda ancha involucra ahora a más empresas: telefónicas, cableras, televisoras de canal abierto, productoras de contenidos, periódicos, revistas, música, imágenes, etc. Esa confrontación interburguesa por la supremacía llevó a las televisoras, en el marco de un gobierno de empresarios para empresarios y de un proceso electoral a tratar de tomar la mayor tajada del pastel.

La Suprema Corte le quitó a la ley televisa los excesos en los que cayó porque la confrontación interburguesa que se está dando por el mercado de la convergencia digital no se resolvía con ella, al contrario se acentuaba. Que le regresa al Estado el poder discrecional y le quita al mercado el poder de decisión, si; que en ello ganan los medios públicos y comunitarios, si; que ahora sabemos que hay poderes que equilibran a poderes también si; que nos regresa a cero pues ni modo, pero la misma ley Televisa llegó a convencer hasta sus mismos promotores y los que ganaron con ella, de que había que modificarla porque la gran rebanada de pastel que supuestamente tomaron no les servía para nada en un contexto de mercado nuevo y diferente, dominado por la banda ancha, el Internet y la convergencia digital.

domingo, mayo 13, 2007

La derecha, el sindicalismo y el 1º de mayo

Recién acaba de pasar la celebración del día de los trabajadores; por tanto, es un buen momento para revisar sobre como ve ese momento la derecha actual en el gobierno. Sabemos, desde luego, que es contraria al sindicalismo, pero es importante entender cómo ocultan o disfrazan esa posición y como se desarrolla su discurso para hacer valer sus posiciones.

El gobierno actual dispuso retirarse de las conmemoraciones del 1º de mayo. El presidente del empleo decidió no celebrar con los trabajadores sus logros en la creación de empleos. Si, en cambio, envolvió la medida en una idea democrática que ubica a los trabajadores y no al gobierno como el personaje central de la celebración.

Sería bueno pensar que la decisión se tomó porque no tenía nada que decir y ofrecer y, sí en cambio, altas posibilidades de recibir muchos reclamos. No arriesgar su imagen. Se ha visto y oído —por cierto hasta el cansancio— al responsable del gobierno en todos los foros a los cuáles es invitado, pero opta por no ir con los trabajadores y mandar un mensaje video grabado. ¿podría hacer lo mismo con el Consejo Coordinador Empresarial? ¿cómo se dará ahora la interlocución del gobierno con los trabajadores?

Sería bueno decir que quiere separarse del corporativismo priísta tan socorrido ese día, alejarse de la vieja alianza “histórica” gobierno-trabajadores. Empero, no es así de simple porque el panismo no han querido ni han podido desprenderse de él. Como se ha visto en varios aspectos y ahora más claro en la nueva Ley del ISSSTE, les resulta útil y lo están usando a su favor y no de ahora, basta revisar la política laboral de varios gobernadores panistas que gobernaron antes de la era Fox.

Los analistas políticos y económicos que trataron el tema se dedicaron a acumular una serie de juicios contrarios al sindicalismo y laudatorios al gobierno. La decisión, nos dicen, de que el gobierno no asistiera a celebrar el 1º de mayo con los trabajadores, fue una medida de fondo y de forma, porque exhibió a un sindicalismo dividido en varias corrientes, todas ellas encerradas en el corporativismo, la corrupción y la lucha por mantener privilegios. Un sindicalismo sin discurso, sin propuesta y que cada día representa a menos a los trabajadores.

Desde el sector económico se habla de que no hay mucho que celebrar y sí mucho de qué estar preocupados. El sindicalismo es causante de la obsolescencia del modelo económico. Las condiciones laborales actuales son el principal obstáculo para el crecimiento. El sindicalismo, se afirma, forma parte de nuestra historia en el renglón de los monopolios y, con ello, se ha convertido en una seria restricción a la modernización y la promoción del crecimiento.

En sentido contrario a su función real, aseguran, que poco ha logrado para mejorar las condiciones laborales y sociales de sus agremiados. El sindicalismo es culpable de desigualdades como las que se manifiestan en la seguridad social (informalidad y pensiones) y de que nuestro país no cuente con una amplia y profunda red de protección social para la clase trabajadora y sus familias.

También se afirma que por el raquítico comportamiento de la productividad laboral, el salario, si bien ha crecido en los últimos años, al compararlo con periodos más largos es decepcionante lo que se ha logrado al respecto. Por lo que no es extraño que se pierda en competitividad.

Finalmente, para que no quede duda, lo cual es el colmo, el sindicalismo es causante del poco crecimiento del empleo, pues encarece el despido y muchas empresas prefieren no contratar. En síntesis, para todos ellos, para contribuir al crecimiento y mejorar las condiciones de los trabajadores, se requieren cambios profundos y urgentes porque la falta de flexibilidad en el mercado laboral ha atrofiado la productividad y con ello la capacidad de la economía para crecer a un ritmo más acelerado.

Se puede decir, pues, que existe una incapacidad y falta de respuestas del sindicalismo; empero, lo real es un rechazo de todos los gobiernos neoliberales incluido este, a integrar a los sindicatos a las discusiones de las políticas públicas. Por tanto, parece claro que el actual gobierno en su estrategia dominada por la ideología de la derecha neoliberal, sigue insistiendo en que lo mejor para el país es separar o negar la inconveniente realidad del trabajo como antagonista y como elemento político para la justa restauración del equilibrio económico y político. La exclusión y la elusión es la norma. El liberar al capital del trabajo sigue siendo su sueño.

Por otro lado, el Estado mexicano amparado en su lucha contra el corporativismo-monopolista —que como dijimos sólo cumple con lo que no le conviene— oculta su retirada como un ente regulador que busca la justa reparación de los equilibrios mediante su función distributiva, para adoptar la forma de un Estado que dice respetar la constitución pero mantiene intacta la injusta distribución del ingreso, la concentración económica y un sistema no equilibrado de división de poderes.

Quieren sindicatos sumisos, no sindicatos fuertes. Por ello se aprecia mayor afinidad con los sindicatos corporativizados léase FSTSE y SNTE, CTM y CT. Son los únicos que pueden aceptar sin protesta alguna una política de sumisión y una política de flexibilidad laboral. Aunque este 1º de mayo protestaron por los bajos salarios y los contratos de protección, ellos mismos se contradicen, con el apoyo a la aprobación de la nueva Ley del ISSSTE.

Este 1º de mayo ha muerto un ritual del presidencialismo por obra y gracia del gobierno actual. La historia deberá registrarlo, así nos los repiten. Pregunta, ¿qué sería de nosotros sin ese gobierno? ¿tendremos ahora los trabajadores que agradecer esa decisión? ¿Es realmente una buena decisión sólo hablar de respeto a las conquistas históricas como la autonomía sindical, el contrato colectivo y la huelga?

Cierto, que es urgente negociar una reforma laboral pero, ¿cómo y con quién hacerla? Con sindicatos sumisos o sindicatos fuertes, con un Estado social o un Estado neoliberal. ¿cómo gobernar con un sindicalismo débil frente a las grandes economías globalizadas? Ciertamente el sindicalismo que en conjunto tenemos no es el óptimo, pero si la idea mas socorrida por este gobierno es la exclusión de los sindicatos fuertes ¿cómo gobernar con esa política laboral?.

Afortunadamente los sindicatos y los trabajadores se han mantenido en movimiento permanente a lo largo de nuestra historia, si bien no han logrado ser hegemónicos no han dejado de moverse a favor de los intereses obreros. Este 1º de mayo no ha sido la excepción por el descontento social que se viene acumulando de 25 años de neoliberalismo y los últimos acontecimientos como la nueva Ley del ISSSTE.

Nuestra responsabilidad ahora es darle cause a ese descontento y ampliar y fortalecer nuestras alianzas con los campesinos y con la sociedad en general. Si no lo hacemos de esa manera el Estado neoliberal continuará fortaleciéndose y habremos perdido una oportunidad histórica para modificar las condiciones de exclusión y de elusión que permanecen hasta ahora.

lunes, octubre 16, 2006

¿Hacia dónde va la democracia?

En el México postelectoral y dados los resultados tan controvertidos que se obtuvieron en el 2006, se está dando una amplia discusión sobre la democracia y su futuro inmediato en nuestro país. Hay una opinión generalizada de que la joven democracia mexicana está en crisis y que hay que comenzar a revisar algunas instituciones electorales. Intelectuales, académicos, políticos y analistas políticos de izquierda o de derecha, cada uno por su lado aceptan que nuestra cultura democrática está por los suelos. El proceso electoral nos ha dejado no sólo dos proyectos diferentes de país, sino una gran crisis política.

Las diferencias se encuentran en el enfoque sobre las causas de esa crisis y la intensidad de la misma. Por una lado, se pide que no se rompa con las instituciones democráticas que nos hemos dado los mexicanos a lo largo de varios años, pues son patrimonio colectivo y no artificios de unos contra otros y, por otro lado, se manda al diablo esas instituciones y se plantea una renovación, un cambio, nuevas instituciones, en tanto que lo que tenemos ahora ha sido diseñado para favorecer sistemáticamente los intereses de los más influyentes.

La burguesía mexicana en poder del Estado y sus comunicadores insisten en que sí personalizamos la crisis, el causante se llama Andrés Manuel, quien, dicen, no se distingue por su conocimiento de las normas e instituciones y prácticas electorales, además de que es, entre otras cosas, un populista conservador porque su relación con el pueblo es al margen de las instituciones democráticas de representación y porque se propone restablecer el antiguo régimen de nacionalismo y autoritarismo revolucionario.

Si nos salimos del punto de lo personal, se habla del renacimiento de nacionalismo revolucionario que es, según ellos, enemigo de la democracia, siguiendo, creo yo, el nacionalismo-nazismo alemán. Otros, aseguran que hay una sobreregulación que inhibe la libertad democrática porque lleva a distorsiones en la conducta de los actores y hace pagar más costos a la sociedad. En esa misma línea, se dice que tenemos una democracia de mala calidad, más que nada por sus participantes.

La izquierda mexicana, para la burguesía obviamente y sus portavoces, tiene su parte de responsabilidad dado que no es correcta, sensata o leal con el sistema. Lo que necesitamos como país, dicen, es una izquierda democrática, moderna, liberal, tolerante, quizás de corte socialdemócrata, pero sobre todo una izquierda responsable, que sepa participar con las reglas de la democracia electoral. Una izquierda que no ponga en riesgo la democracia y sus instituciones, tal como fue en este año 2006. Están concientes de que sin la izquierda que ellos quieren se avanza lentamente y les preocupa que el prestigio de la izquierda leal naufrague, dado que los pagarán por ello son los pobres.

Asumen que la crisis de la democracia sólo es un traspié de la transición, que ésta sigue su curso a pesar de las anomalías de las que habló el Tribunal electoral y que el nuevo gobierno no se encuentra en una situación apocalíptica como siguieren algunos analistas malquerientes. Así que, insisten en que la solución es complementar la legitimidad legal o de origen con la legitimidad de gestión, lo que requiere de un profundo ejercicio de innovación política y continuar con las reformas estructurales.

En conclusión, la burguesía en el poder acepta que hay una crisis de la democracia. Aseguran que la causa está en la izquierda, que no es tan grave y se puede solventar tal y como quedó expresado en el programa 2030. Pocos aceptan que hubo un agravio y que hay que construir puentes con la izquierda con esa consideración. Para la burguesía la izquierda jugará un papel marginal en tanto no acepte las reglas democráticas.

En contra sentido, los integrantes de la izquierda mexicana insisten en que, escandalosamente, los ahora defensores de la institucionalidad democrática fueron los principales violadores. El presidente de la transición se convirtió junto con Fox y el TEPJF en abusador de las leyes de la democracia y lo peor es que ahora, disimulado, fingiendo y desde un doble leguaje, convoca a la unidad al “peligro para México”, unidad que el mismo se dedicó a violentar y, más aún, no deja de acusar a sus enemigos como causantes de la crisis. La burguesía que propugna por una izquierda correcta, incorrectamente usó las instituciones en su beneficio y en ese ejercicio las redujo a nada y las puso en la ilegalidad constitucional. La defensa a ultranza de las instituciones, no es la defensa de la democracia, es la defensa del poder que detentan.

Algunos avanzan aún más afirmando que se está generando una nueva forma de Estado autoritario, donde se articula una desdemocratización de las instituciones liberal-democráticas, inducida más que nada por las necesidades del capital. Lo que se cuestiona no es el presidencialismo o un régimen político, sino la inexistencia de la democracia. Capitalismo y democracia no son fórmulas inclusivas, agregan. Se ha dicho y ahora lo vemos, la simulación es una gigantesca empresa de desilusión. Después de eso, ¿puede alguien creer o seguir creyendo en las instituciones mexicanas de la democracia y de la justicia? Todavía más, ¿podemos pensar que existe la democracia en México?

De ahí, pues, plantean la necesidad de cambiar las instituciones, no adecuarlas, ni destruirlas. Tampoco se habla del rompimiento de la izquierda con el pacto social y con el orden vigente. Construir una nueva república —la cuarta según nuestra historia, 1924,1857,1910— otra institucionalidad y otro proyecto de nación. Un país que se configure para enfrentar a la burguesía contra la explotación y la pobreza. Lo que no se puede hacer, es seguir pensando en la misma dirección, tal y como se hizo durante años. Se piensa, desde luego, que el futuro de la democracia depende, en buena medida, de los que suceda con la izquierda.

La izquierda trastoco la agenda del PAN. La lucha contra la desigualdad y la pobreza se puso en el centro junto con los paradigmas neoliberales de la segunda generación de reformas estructurales. La Izquierda se ha hecho plural y se ha diversificado al contar con corrientes muy diversas. Sin embargo ahora saben que enfrenta nuevos retos. Por un lado, evitar que el PRD, el FAP y la CND giren en torno a un sólo hombre y permitir que sus integrantes se conviertan en protagonistas y organizadores del cambio profundo del país; y, por el otro lado, entender que PRD es institucional y sus integrantes en el Congreso de fueron elegidos para tareas institucionales; la CND es antinstitucional, creadora de un doble poder, de otras instituciones. Por tanto, PRD y CND deben trabajar juntos pero cada uno en su campo.

La fuerza de la izquierda, a pesar de haber disminuido lo ganado en las elecciones, continúa con capacidad de convocatoria y de movilización y con un amplio potencial. Tal vez, aseguran, el punto débil sea el no tener certeza de si AMLO y el FAP tendrán la capacidad para sostener una campaña de permanente agitación y propaganda que no sólo desgaste al PAN, sino que ensanche su fortaleza y base social. Otra evidente debilidad es la ausencia de procedimientos democráticos más formales para la toma de decisiones.

La percepción que nos queda de todo esto es que vivimos en un parteagua. Ahora mismo nadie tiene respuestas claras. La pérdida de fe en las actuales instituciones democráticas no es un fenómeno privativo de nuestro país. Ha venido aconteciendo a los largo de los últimos años en América Latina e incluso en países desarrollados como Estados Unidos. Esta pérdida de fe está ligada a que las élites en el poder han impuesto sus propias políticas en detrimento de políticas sociales y económicas en favor de los más. Desde ese punto de vista, diría Alain Touraine, el sistema de democratización está herido y en peligro de muerte

En este contexto, no es menos cierto que los anhelos y promesas de la democracia chocan y se contradicen con la realidad. Todavía es posible hacer elecciones pero no se permite a los partidos de oposición representar ningún riesgo al poder de mando; en sentido contrario, la democracia electoral se transformó en el principal mecanismo de imposición de programas de ajuste estructural. Más aún, la usurpación del proceso democrático a manos de las élites, ha subvertido el desempeño de las nuevas democracias surgidas a partir de los años 80. De igual manera, las promesas de cambio hacia economías sociales fueron socavadas por las exigencias de las burguesías naciones e internacionales.

Las democracias electorales han sido, pues, recurrentemente usurpadas por las élites políticas en el poder. Huntington considera que la democracia es un régimen deseable, al menos el más deseable de todos los posibles, así que renunciar a ella no garantiza algo mejor. No obstante, no hay democracias auténticas pues el poder seguirá en manos de unos pocos. Ante este escenario que evidencia una crisis de la política, cabe la necesidad de detenernos un tanto a repensar la democracia y darle un nuevo significado a esa palabra.

La critica de la democracia de la élites no ha encontrado soluciones alternativas obvias, más aún ahora que hay interés por lo que pase en México tanto de élites nacionales como trasnacionales por su posición geopolítica. No obstante, nuestra obligación sigue siendo la de reconceptualizar, es decir, revisar en profundidad la democracia en distintos niveles. Lo único cierto es que la derecha mexicana ante el reto que significa la izquierda mexicana liderada por AMLO ha tenido que quitarse las máscaras y enseñar su verdadero juego.

Lo único cierto es que ahora que no existen enfrentamientos entre sistemas, el mito de los iguales que pregona la democracia occidental salta por los aires. La pelota esta de nuestro lado. Significar la palabra democracia es nuestra tarea urgente, porque eso mismo es parte de la guerra por controlar el mundo

jueves, agosto 17, 2006

EL SINDICALISMO FRENTE A LA COYUNTURA ACTUAL

¿Cómo fue que llegamos hasta donde estamos hoy? ¿cómo fue que en lugar de discutir los avances de nuestra democracia seguimos anclados en esquemas del siglo pasado? ¿cómo es que en lugar de tener un país unido tenemos uno dividido y confrontado? ¿Cómo es que el que finalmente nos gobierne va a estar más acotado por los compromisos a los que se tuvieron que llegar y con un grave déficit de legitimidad? ¿será qué nos dimos demasiadas esperanzas con una democracia todavía inmadura? ¿Será López Obrador el culpable, quien aceptó jugar con las reglas del juego, someterse a sus resultados y decidió no hacerlo?

No lo sé, lo cierto es que lo que tenemos ahora –un país sin orden, sin autoridad, sin ley y más aún dividido y confrontado– se fue formando a lo largo de varios años de este sexenio, por la incapacidad de los actuales gobernantes para fortalecer nuestra incipiente democracia, pero más que nada por los miedos que la clase dirigente, empresarios, intelectuales orgánicos, sindicalistas, iglesias, algunos gobiernos extranjeros y medios de comunicación expresaron ante la posibilidad de perder los pocos avances en “su” democracia mexicana, ya no digamos privilegios.

Corta visión de mundo y miedos se juntaron ante la posibilidad de la izquierda gobierne México y de que se amenace la viabilidad de su proyecto a corto, mediano y largo plazo. Parecía que nuestra democracia daba pasos firmes hacia su fortalecimiento. Sin embargo, se dieron los primeros pasos hacia la exclusión. Así fue que se desarrolló una estrategia que se inició con la integración del un IFE a modo, los video escándalos y el desafuero. La imposibilidad de evitar que un candidato fuerte de la izquierda pudiera competir en la contienda presidencial no canceló la estrategia, al contrario la hizo más intensa y precisa.

Un IFE parcial e incapaz de actuar como verdadero árbitro, perdió las formas, tuvo respuestas a destiempo, permitió la intervención del ejecutivo federal, la iglesia, los empresarios, toleró la campaña del miedo, presentó atípicos conteos, con todo ello, evidenció un fraude o un posible fraude cibernético y tradicional; un presidente de la República empeñado en participar en el proceso electoral y despreocupado por sus responsabilidades reales, un presidente encabezando una campaña mediática para acentuar, por una lado, la necesidad de la continuidad y, por otro lado, lo peligroso que sería para México un populista. Un sector empresarial impulsando una campaña de miedo y finalmente unos medios masivos que abandonaron su función de medios y se convirtieron en parte, eso si, claro está, con amplias ganancias económicas.

En esas circunstancias no podemos empezar el dos de julio como pretenden algunos intelectuales orgánicos, que olvidan todo lo anterior y expresan que lo fundamental es no dañar las instituciones, cuando éstas llevan ya varios años bajo el acoso de los violadores, mismos que ahora se amparan en la Constitución para ocultar sus fechorías. Así ha sido a lo largo de nuestra historia. Quienes deberían cuidar el orden y la ley, son sus principales atacantes. Quienes se oponen a un gobierno progresista, sin el menor rubor, han puesto en riesgo la credibilidad y legitimidad de las instituciones.

La derecha mexicana insiste en ampararse en la legalidad y en el Estado de derecho y es posible que quieran crear una legitimidad desde el poder ilegal, tal y como lo hizo Salinas en su tiempo con auto golpe de Estado. El recuento de poco más del 9% de las casillas, envuelto en un concepto jurídico de certeza y con rigor legalista, parece que busca más legitimar una elección en entre dicho que darle certeza.

Por lo tanto, podemos afirmas sin temor a equivocarnos que las instituciones democráticas están en crisis, que el actual sistema de representación quedó sumamente lesionado y que todo esto aconteció dentro de un México dividido y fragmentado y de una radicalización de las dos fuerzas políticas confrontadas. Tanto en el PAN como en el PRD las fracciones más duras son las que están determinando las políticas a seguir. Todo ello, a mi entender, es lo más grave de todo lo que estamos pasando.

Más allá de lo que resuelva el Trife es claro que esta división y fragmentación social no se subsanará en el corto plazo. Así que lo fundamental será, gane quien gane, encontrar los caminos para el encuentro y la concordia, donde sean considerados los más posibles, no sólo una minoría. Es decir, es sólo mediante una política de masas posible encauzar un rumbo económico y social.

Los sindicatos, a pesar de que también tiene su propia crisis, pueden y deben jugar un papel muy importante en este encuentro. A estas alturas y con el grado de experiencia adquirido, no se concibe otra organización de clase capaz de comunicarse tanto con la clase política como con la sociedad. Lo que necesitamos es "salir" hacia la sociedad y la vida, y permitir la "entrada" de la vida y la sociedad, al mundo sindical. No podemos seguir permitiéndonos el lujo de que las instituciones del movimiento obrero se limiten a tratar los síntomas en vez de atacar las causas de los males sociales.

Sabemos que la legitimidad que queremos empieza con unir al país básicamente sobre problemas comunes de amplio alcance, como serían los problemas de la distribución equitativa del ingreso, de la educación, de la salud, de la seguridad y autonomía alimentaria y de un crecimiento con equidad. Esto es, la unidad debe construirse atacando directamente los desequilibrios macrosociales.

Gane quien gane los sindicatos debemos poner las bases y aportar un alto grado de esfuerzo para caminar en la dirección antes señalada. Consolidar nuestra democracia y poder establecer alianzas con la sociedad, pasa necesariamente por estos puntos; después, o si se quiere paralelamente, podremos hablar de la reforma política y la reforma del Estado, cierto son fundamentales, pero el sindicalismo no puede soslayar que los actores centrales en cambio político son las grandes mayorías mexicanas, la sociedad, no la élites políticas.

Recordemos que después de las elecciones del 2000, se abrió para los sindicatos una etapa de incertidumbre. Enfrentar esa situación fue complicado y difícil y en algunos casos no plenamente satisfactorio. Los sindicatos estuvimos más a la defensiva que a la ofensiva. Lo que se logró rescatar fue más porque pudimos defendernos (ley del IVA, seguridad social, Ley Federal el Trabajo), pero en otros casos nuestra participación fue marginal como la Ley de Radio y TV o en la Reforma del Estado.

Por otro lado, lo sindicatos hemos disminuido nuestra afiliación sindical. La sustitución del sindicalismo corporativo por sindicatos independientes se ha dado más por circunstancias que por una estrategia político-sindical. A pesar de lo que se ha hecho, el Estado apoyado por los empresarios han mantenido vivo el corporativismo y los primeros pasos de Felipe Calderón en este terreno lo reafirman. Lo que parecía ser el inicio de una línea sindical postcorporativa con el gobierno del cambio se truncó. El Estado y sus empresarios continúan prefiriendo a los sindicatos de protección frente a los sindicatos reales, pero también los sindicatos no hemos desarrollado un política sindical que ataque directamente este problema.

Aún en estas particulares circunstancias del sindicalismo mexicano, pocos pueden actuar como lo pueden hacer las organizaciones de los trabajadores. Se ha generado un conflicto político-social que hay que tratar como tal y sólo los sindicatos lo pueden hacer. El reparto de la riqueza es la reivindicación central del sindicalismo en el marco de dejar de ser un sindicalismo reivindicativo y pasar a ser un sindicalismo sociopolítico dentro de un México multicultural.

Es cierto que cada vez es más difícil defender el trabajo asalariado limitándose a actuar en el ámbito de la contratación colectiva entre el sindicato y los patrones. Para ponerlo de otra manera, los sindicatos actúan en oposición a capitales específicos y particulares, cuando el poder que deben confrontar es el del capital en su totalidad. Para ello, el sindicalismo necesita de la lucha social-política para poder enfrentar al capital. Conquistar el poder socio-político tiene que convertirse, diría Marx, en el gran deber de la clase obrera.

El sindicalismo tiene que jugar su propio papel, no puede continuar como una forma subalterna del Estado o del partido y conquistar –no demandar– una plena autonomía. La crisis de los partidos y la desaparición del Estado benefactor hacen de la conquista de la autonomía y de establecer su propia política social, un asunto de absoluta necesidad. Ello significa ni más ni menos regresar al sindicalismo a sus orígenes. Significa también que su accionar no lo legitima el Estado, sino la representación social. La interlocución con las fuerzas políticas, el Estado y los patrones debe darse desde una representación real de la sociedad, no manteniendo o creando nuevas formas de sindicalismo corporativo.

La política neoliberal afecta negativamente a amplios sectores de la sociedad que permanecen indefensos y se agudiza el deterioro social. Así que no se trata sólo de discutir la política fiscal o monetaria, sino de la política social y ello, insisto, incluye la distribución del ingreso, educación, salud, empleo, salario, horario de trabajo, autosuficiencia alimentaria, etcétera.

Algo que es fundamental en el punto de la alianza y el dialogo con la sociedad es definir nuevas formas de solidaridad, donde se respete plenamente las aspiraciones e intereses de los otros sectores con los que se relaciona. El desafío se basa en buscar compatibilizar los intereses de los trabajadores con los de los otros grupos.

Finalmente, la competencia entre los trabajadores favorece los intereses del capital. La cooperación, la solidaridad, la unidad sindical y la lucha política son las principales armas de los trabajadores contra el capital. La competencia entre capitales es fundamental para el capitalismo. La competencia entre trabajadores es veneno puro. Los trabajadores, sólo negando la competencia entre ellos y participando en cooperación y solidaridad pueden presionar en sentido contrario al capital y producir soluciones optimas para los trabajadores y la sociedad en su conjunto.

miércoles, julio 12, 2006

Las elecciones del miedo y la irrupcion de lo social

Todo comenzó, según dos grandes ideólogos del actual panismo (Enrique Krause y Jesús Reyes-Heroles), con el discurso de López Obrador que “introduce el conflicto de clases y da animosidad contra los de arriba, los ricos, los empresarios” El discurso de la esperanza frente a la indignación social y las injusticias de los poderosos no son dignas de considerar. El punto de partida, insisten, son “los discursos maniqueos acerca de los ricos y los pobres, los buenos y los malos, los rescatables y los innombrables, los decentes y los empresarios”

En pocas palabras lo que desató todo este conflicto que terminó con una sociedad más dividida política, económica e ideológicamente, es nada menos que la lucha de clases, la irrupción de lo social. Lo que realmente teme la derecha panista-priísta, la ultraderecha yunquista y religiosa y el gran capital nacional e internacional, no es otra cosa que el temor a que desde la sociedad los equilibrios surgieran y los privilegios desaparecieran. Dicho de otra manera, su preocupación es el avance de lo social y, por tanto, su estrategia es contrarrestar el avance de lo social para poder continuar con la destrucción de las conquistas sociales y obviamente fortalecerse.

Hasta ahora, la construcción del México actual para la derecha, la ultraderecha y del gran capital es una destrucción de lo social. Con el triunfo de ese grupo si es que se completa, es esperable que aumente esa destrucción. La posición planteada por Andrés Manuel, es contrarrestar eficazmente ese proceso, ya claramente avanzado, de destrucción de lo social. Otra cosa es que lo pueda lograr, pero el planteamiento está dado. Hay que recordar que la historia social enseña que no existe política social sin un gobierno social capaz de imponerla y que no es el mercado, como se intenta hacer creer actualmente, sino el gobierno social lo que ha civilizado la economía de mercado.

Con tal grado de división al que llegamos al final del proceso electoral, no ganó AMLO, ni tampoco Calderón. Los verdaderos ganadores ni se despeinaron. A la sociedad nos hicieron jugar un juego que no nos llevó a nuestro fortalecimiento sino a la división, al odio, a la confrontación y a la desorganización. En esas circunstancias quedamos indefensos, al amparo de las élites poderosas, privilegiadas y ambiciosas. Mejor resultado no podrían haber alcanzado. Por ello podemos afirmar sin temor a equivocarnos que los perdedores somos la sociedad mexicana, el pueblo mexicano —que no ganadores— y eso no es otra cosa que un grave retroceso histórico.

Pero ¿cómo fue posible que esto así sucediera?. Sin duda, la manipulación de las conciencias con el miedo y la falsificación de la verdad.

El fascismo alemán e italiano fue una expresión social del miedo que sintió la gran burguesía hacia el socialismo-comunismo. Empero, y eso es lo relevante en nuestro caso, la cuestión real es que no fue sólo el interés del gran capital, sino que fue el movimiento de las clases medias y de las clases trabajadoras ideológicamente ubicadas en la pequeña burguesía, lo que hizo posible este proceso.

En el año 2006, la imagen del miedo es, para la burguesía mexicana, la lucha de clases encarnada en un personaje llamado Andrés Manuel. Además, hay que insistir en ello, no es nuestro miedo sino el de ellos. El problema del cual partimos y creemos es de esencial importancia, es saber qué ha ocurrido en una parte de clases medias y trabajadoras para que hayan aceptado que lo que lograron con mucho sacrificio y de trabajo se iba ir a la basura con Andrés Manuel y que hayan seguido a un partido cuya dirección representa, tanto subjetivamente como objetivamente, a los intereses del gran capital.

La cuestión es ¿por qué en Brasil o Venezuela, sólo por mencionar dos países, con las mismas estrategias de campañas de promoción y acentuación del miedo social, ambas sociedades fueron capaces de superar la contradicción entre un proyecto social y un proyecto del gran capital nacional e internacional?. La cuestión es ¿por qué una parte de la clase trabajadora, pudo identificarse con el poder establecido y aceptar sin protestas, que el despido y el cierre de la empresa o la destrucción del país y las crisis recurrentes erna la consecuencia lógica del votar por Andrés Manuel? Además de no existir un sindicalismo que apoye y oriente, lo real es que aquí no hubo seducción, hubo una interiorización del miedo.

Las masas saben y entienden perfectamente la situación en la que se encuentran, además lo dicen y explican muy bien, sin embargo, existe un sistema de poder que intercepta, prohíbe, invalida ese discurso y ese saber. Poder que no está solo en las instancias superiores de la censura, sino que penetra de un modo profundo, muy sutilmente en toda la red de la sociedad o gran parte de ella. Por tanto, podemos hablar claramente de que su conciencia de clase fue enajenada.

Empero, los mecanismos de dominio se vuelven más democráticos y se distribuyen completamente por los cuerpos y los cerebros de los ciudadanos, de modo tal que los sujetos mismos interiorizan cada vez más las conductas de integración y exclusión social adecuadas para ese dominio. El poder se ejerce ahora a través de maquinarias que organizan directamente los cerebros. A los esquemas tradicionales, escuela, fábrica, la empresa, se le suman los sistemas de comunicación, redes de información, etcétera. Con ello se alcanza un estado autónomo de alienación y de enajenación. Gran parte de la población está sometida a los medios modernos de dominación de la conciencia social.

Para algunos intelectuales, —esta fue una tesis ampliamente respaldada y difundida— todas las opciones de comunicación —básicamente las electrónicas— son válidas y enriquecedoras del paisaje cultural del hoy. Desde esa perspectiva las críticas a la televisión son anticuadas y peligrosas porque derivarían en control y censura de la libertad de expresión. Por esa misma razón, la regulación ni siquiera debería de plantearse. Sin embargo, hay quienes sostienen que la televisión, a través de variados mecanismos, pone en serio peligro las diferentes esferas de la producción cultural, la vida política y la democracia.

Se ha dicho generalizadamente que el proceso electoral de 2006 fue ejemplar e histórico. Que la sociedad mexicana dio una muestra de alta civilidad y participación, que hay más sociedad que políticos o dicho de otra manera, que los políticos no están a la altura de nuestra sociedad. Sin embargo, después de ver el resultado y las causales del mismo, no podemos concluir que fue una elección histórica. Quizás podamos reconocer que antes, durante y después del proceso electoral, apareció una sociedad dividida y confrontada y que el proceso electoral tal y como fue planteado de principio a fin, sólo dio cuenta de esa realidad.

Desde la perspectiva de los intereses populares y sociales y en el marco de una votación profusa, es falso que la sociedad mexicana haya hecho lo que tenía que hacer y que además lo haya hecho bien . Nuestro pueblo jugó, sin proponérselo, obviamente, no de una manera racional, el juego que le pusieron y lo llevó a cabo hasta el final. Una gran parte de la población, la cual ahora se enorgullece del triunfo de Calderón y denostan a Andrés Manuel, no pudo extraerse del juego al que le hicieron jugar y dar el salto hacia delante, para impulsar su propio papel y un gobierno social.

Tal vez no debamos ser tan duros en nuestros juicios, pero no somos los únicos; por ejemplo, Muñoz Ledo ha escrito que nuestra democracia no se ha consolidado y lo mismo se podría decir de la democracia electoral, habida cuenta del cúmulo de ilegalidades cometidas antes y después por los agentes de la autoridad. Que a lo más se probaría que el sistema electoral de la instalación de la casilla a la calificación sigue funcionando correctamente. Concluye, diciendo, que el proceso político electoral del 2006 representa hasta ahora un retroceso grave en nuestro avance democrático.

Se habla de que ante la sociedad dividida que nos reporta la nueva realidad, lo conducente es buscar la reconciliación. Calderón considera que el mandato de las urnas ha sido claro: “trabajen juntos, sumen sus prioridades, dejen a un lado la política fracción o de grupo y pónganse de acuerdo por el bien del país” El candidato del PAN ha repetido hasta el cansancio de que él es un demócrata y que “comparte el anhelo de justicia de AMLO y ofrece trabajar sin descanso por lograr la igualdad de oportunidades que permitan superar la pobreza.

Será posible creer que a el gran capital y a la burguesía mexicana, de la cual es representante el PAN y el PRI, les preocupe verdaderamente esta división. Por el contrario, ahí está parte de su fuerza, eso es lo que les conviene. Si acaso lo único que les preocupa es encontrar soluciones, como así lo han dicho, a la pobreza y a la inequidad, pero a su manera, bajo sus términos y en sus tiempos, tal y como lo han hecho a lo largo de la historia del sistema capitalista mundial. Su verdadero interés es aumentar sus privilegios. ¿Habrá alguna duda de ello?.

Cierto es que no tenemos otro camino que la conciliación, trabajar juntos, sumar prioridades. Cierto es también que hay dos proyectos que pregonan seguir una economía de mercado por rutas diferentes: una, neoliberal ortodoxa acorde a los dictados del Consenso de Washington que prioriza el equilibrio macroeconómico e impulsar una segunda generación de reformas, cuando en la primera encontramos una mezcla de éxitos y fracasos, cuyos resultados son francamente desalentadores. Hubo crecimiento pero no equidad. Y otra, no ortodoxa que prioriza el equilibrio macroeconómico más el equilibrio macrosocial. Reformar las reformas o corregir las reformas, para alcanzar un crecimiento con equidad.

Se dice que la conciliación es posible porque Calderón representa a una derecha moderna integrada a la globalización y la izquierda de Andrés Manuel es más bien socialdemócrata. Sin embargo, el problema sigue ahí, ¿cómo conciliar para detener la destrucción de lo social? ¿cómo conciliar para encontrar normas sociales comunes sobre el salario, el empleo, la jornada laboral, la educación, la capacitación y el capital humano ? ¿cómo conciliar para que no se ponga en primer lugar el favorecer a los mercados financieros nacionales y extranjeros? ¿cómo conciliar si sólo queda la solidaridad y la movilización social para conseguir los objetivos del cambio?

Necesariamente el precio es que deberán darse una serie de rupturas más o menos radicales. Rupturas con el pensamiento conciliador que tiende a desacreditar el pensamiento y la acción críticos, a valorizar el consenso social hasta el punto de manipular conciencias para compartir responsabilidad de una política encaminada a hacer aceptar a los dominados su subordinación. Ruptura con el fatalismo económico sobre las necesidades de la globalización y el dominio de los mercados financieros. Una ruptura con el neoliberalismo ortodoxo que exige la flexibilización de las relaciones laborales y de las norma laborales y por último una ruptura con el pensamiento único.